martes, 14 de abril de 2020

VILLAPRETÉRITO

Lo más divertido que ocurre aquí es la trifulca que pueda llegar a suceder en función de la localización de los meados y cagadas de los perros. El calor sofocante y hastioso es el único acompañante incondicional en los días monótonos y asfixiantes del pueblo. Dicen que la maquina de viajar en el tiempo no existe, por el contrario si que existen diferentes opciones para viajar al pasado, por suerte o por desgracia. Súbete a un tren y piérdete en casi cualquier pueblo de la profunda España. Os invito a viajar al pasado. Aquí os dejo el billete.


Ya una vez en el tren, transcurridos más de veinte minutos me percate de que estaba en un asiento de espaldas al sentido del movimiento. Ese hecho reafirmó la creencia de dirigirme hacia el pretérito, ir hacia atrás en vez de avanzar en el trayecto era el preludio de lo que sucedería en días posteriores. Un pensamiento y sentimiento fugaz (¿acaso no van los dos de la mano?) quisieron que saltara del tren para no dirigirme al pasado, sin embargo hoy en día está muy controlada la seguridad. Las puertas tienen mecanismos que impiden abrirlas cuando esta el tren en marcha y las ventanas en realidad no lo son, meros cristales que permiten ver el exterior pero que no dejan alcanzarlo. La idea paso fugaz al ver lo aparatoso que sería llevarla a cabo.
No todo en el pueblo es malo...vale, ahora mismo, así en frío, no caigo en la parte buena. Seguramente más adelante aparezca. Nada más llegar al barrio apareció entre la cortina la vieja del visillo. No, no es un ser mitológico, existe, doy fe, lo que ocurre es que no siempre se trata de una mujer mayor, muchas veces son jóvenes y no tiene por qué ser una mujer. Tomando como muestra a los del barrio pongo la mano en el fuego a que el grupo de individuos que siguen esta conducta no se rige por sexo o edad. Es posible que todos ellos tengan un gen en común aún por identificar en los laboratorios de ingeniera genética, el día que lo hallen podrían denominarlo gen cpn (cotilla por naturaleza). Discerniría aquí entre un ser cotilla y otro curioso. El primero, su curiosidad la dirige exclusivamente hacia la vida de los demás, el segundo emplea un abanico más amplio de inquietudes.



Vivir aquí es bastante pintoresco, grotesco y agotador. No sé por dónde empezar a narrar los sucesos kafkianos que acontecen. Quizás un buen comienzo sería hablar de como se lleva a cabo la elección del alcalde. Empapelan todo el pueblo con carteles que proliferan por todas las calles, envían cartas a los domicilios, coches se pasean publicitando a cada candidato y al final sale votado el partido más corrupto, bueno... esto se podría extrapolar a casi todos los municipios de este estado. Cuando la gente de aquí habla de España se les ilumina los ojos, hablan de unidad y de yo que se qué, de tal partido de la selección, de las verbenas de aquí y de allí, la verdad no sigo mucho el hilo.
Diría que las actividades de entretenimiento por excelencia en estos últimos tiempos son dos: baile y deporte, el que no está apuntado a clases de salsa lo está a clases de padel, existiendo la posibilidad de que sea en ambas. También se podría incluir aquí el típico viajecito a Londres aunque ahora con el tema del Brexit no sé como quedará la cosa. No dispongo de datos para saber si los cheques regalos de experiencias aún siguen en auge.
Por las mañanas cantan los pájaros, al medio día ruedan los rodamundos y por la noche salen las cucarachas. Entre medio suceden cosas. Cosas pintorescas, de otra época, de un realidad que resulta grotesca. Deseo que los extraterrestres vengan a abducirme, que mis progenitores confiesen que soy adoptada, que una noche después de ver un objeto volador no identificado y una luz cegadora aparecí en el portal de casa. Así todo cobraría sentido.


El tema universal para comenzar cualquier conversación es el tiempo. "¿Hace calor, no?" No mira, no hace calor en julio, esto es la brisa fresca de otoño. O por el contrario podemos encontrarnos con el comentario opuesto recurriendo a una ironía aguda y brillante "¡Que frío hace!" A 45º ese comentario resulta crispante. No queda otra que aceptar que es la técnica básica para iniciar una conversación. Después de traspasar la barrera de la meteorología alguien se anima a preguntar "¿y qué? ¡qué haces?" a lo que otra persona responde "Pues nada, aquí, pasando calor/ frío (este último en caso de ironía). Nada, que cuando crees que la primera barrera la has traspasado te percatas de que puedes permanecer en un bucle durante largos minutos. A partir de aquí la conversación puede empezar y dirigirse a infinidad de trayectorias. Dos de las más socorridas son la comida y alguna noticia más o menos irrelevante. "Hoy ha comenzado la operación salida" "Uy sí, ya ves, tienen que estar todas las carreteras atestadas de gente que se va de vacaciones" ¿Qué sería de los individuos si desconectaran la tele durante un cierto periodo de tiempo? ¿De qué hablarían? Sin televisión y sin las revistas de prensa rosa el mundo se colapsaría por completo. ¿Cómo podrían conciliar el sueño sin saber "la realidad del mundo" y que joyas y vestidos llevan los grandes famosos? Seguramente se dispararía de forma exponencial el consumo de ansiolíticos más aún de lo que ya hoy en día de por sí se consumen.



En las noches que refresca la gente saca las sillas a la calle y se ponen de cháchara a la fresca. Los hay que se dedican a vigilar las idas y venidas de los demás. Este va con fulanito, ahora esta con menganito, pues el otro día me encontré a pepito... Otros se dedican a disfrutar del presente, a estar relajados en la tregua térmica de la noche. Algunos que pasan miran con despecho y altanería a la gente que realiza ese hábito que sucede desde tiempos inmemoriales. Resulta gracioso cuando vas por una calle y te encuentras a un grupo de gente con las sillas y la mesa en la puerta, por cortesía se saluda. Desde antes de llegar a la altura en la que están sentados se puede observar como van mirando, cuando ya lo has sobrepasado, si se te ocurre mirar hacia atrás pueden ocurrir dos cosas: 1) Miras hacia atrás y ves como desvían la mirada al percatarse de que le has pillado mirándote. 2) Miras hacia atrás y ves como no desvían la mirada y fruncen más el ceño para inspeccionarte mejor.
Muchas ocasiones son las que pueden pararte por la calle para preguntar : "¿Y tú de quien eres? Toca decir los nombres con el apodo de los antepasados para que ya te sitúen en su árbol genealógico mental. Una vez aclarada la procedencia ancestral suele caer la pregunta: ¿A qué te dedicas? ¿Tú qué estás haciendo? Pues mire señora, no seguí el oficio familiar de la venta ambulante, yo soy prostituta. En realidad no lo digo, tan solo de imaginarlo lo paso jodidamente bien... Supongo que dirían a las espaldas ¡Vaya deshonra para la familia! Mira el camino que se ha buscado en vez de buscarse a una persona formal y de provecho, casarse y tener hijos.
"¿Te has echado ya novio? ¡A ver cuando le das un nieto a tu madre! A ver si te vas a quedar para vestir santos." Son las cosas típicas que dicen, no lo hacen con maldad, tan solo son los esquemas que poseen como normales e inamovibles, aunque pueda resultar abrumador.

 En una calle de la parte baja del pueblo, concretamente en el número 89 con fachada de losa en la parte inferior y encalado en la superior, hay una mujer, Facunda, de 65 años, que diariamente da comida a los gatos callejeros. Sale sigilosamente dirigiéndose al contenedor más cercano con una bolsa con desperdicios varios y un cacharro de plástico donde se pueden ver restos de comida. Mira hacia arriba y hacia abajo de la larga calle antes y después de dejar el cacharro, situándolo en el suelo justo al lado del contenedor, acto seguido tira la bolsa de basura. Alguna vez he escuchado comentarios de que qué hace esa mujer dándole de comer a los gatos, que eso es una guarrada y demás historias. Argumentan también que los más pequeños pueden enfermar por gente que hace esas cosas, aquí surge la pregunta de en qué momento: ¿cuando están atrapados en casa viviendo en la realidad virtual o cuando están en alguna de miles de actividades extraescolares para el día de mañana ser personas de provecho? ¿Causará Facunda una pandemia por alimentar a los felinos? Dar de comer a un ser vivo está mal visto por aquellos que prefieren vivir en la más absoluta asepsia, sí, de aquellos que basan su existencia en limpiar sobre limpio. No solo se trata de una asepsia del entorno físico también es asepsia a nivel moral. Es una de las enfermedades del siglo XXI. Asepsia de lo físico y metafísico. Asepsitis de la realidad. Casi todos los días, si al caso no son todos, limpian la pantalla de plasma para que no haya ni una mínima partícula de polvo o alguna huella que les impida ver su concepto abstracto de lo real.



En Villa-preterito existen diferentes axiomas que se cumplen a rajatabla, uno de ellos es "culo veo, culo quiero", como si fuera una especie de magnetismo imposible de evitar. Desconozco como llaman a este fenómeno los sociologos, pero sería una combinación entre envidia cochina e ir para donde sople el viento. La mirada se inyecta en sangre cuando "culo veo, culo quiero". Pensando en la parte positiva de lo malo, es el único momento que queda mermado el visor analizador de rastreo y registro de datos nimios para vomitar después. Aquí se enfrentan dos motores básicos de los habitantes de la villa, el gen cotilla y la envidia, aunque estudios recientes no descartan que formen parte de un mismo triplete de nucleótidos.
Y es que la vida en la villa es tranquila, y si no eres comidilla, eres cotilla.
Anochece y todo el pueblo se muestra compungido en sus respectivos hogares. Hoy ningún habitante salió del umbral de la puerta, tan solo miraron expectantes a través de la ventana, eso sí, correctamente camuflados detrás de las cortinas, esperando impacientes la captura de un cotilleo que por desgracia no llegó. Seguro que mañana chismorreos encontraran de debajo de las piedras.


Y así es. Son carroñeros de vidas ajenas. Les gusta todo pero especialmente se deleitan con lo que consideran escabroso a su propio juicio.
Estos seres se encuentran en todos los recovecos y a veces resulta complicado verlos venir a cuanto intención y pensamiento se refiere. Sucede así debido a que tienen la habilidad de expresar una cosa y pensar lo opuesto mientras dibujan una sonrisa digna de actores de gran renombre.
Lograrás desenmascararlos porque llegará el día que ellos mismos se quiten la mascara sin ningún pudor delante de ti.
Los hay también que no utilizan mascaras, osados que vomitan el primer prejuicio que se les pasa por la mente sin ningún atisbo de vergüenza.


Existen unas reglas no escritas que se transmiten generación tras generación en los habitantes de la villa. Una de ellas es el decoro. Decoro. Decoro. Decoro.
Sí, el decoro. Aunque tal vez no se pronuncie tanto esa palabra su esencia se hace manifiesta con la frase celebre: “Comportate bien que luego la gente habla”
Los humanos tienden a hablar con más o menos conocimiento de causa, pero no ocurre de tal manera con los de esta villa, ellos no hablan, descuartizan sin miramientos. El deporte favorito de estos habitantes, despotricar. El equipamiento básico, una lengua que suelta veneno sin cesar.



En villa-pretérito nadie se salva de ser juzgado a los ojos de los demás y todos permanecen aletargados en su propio paraíso artificial construido a base de prejuicios propios y ajenos.
Es una “macrotelenovela” donde las idas y venidas, los logros y las desgracias son cuidadosamente añadidas a la cultura popular en forma de chismorreos.
¿No recuerdas que hiciste el verano pasado? No te preocupes, seguro que algún vecino lo recuerda mucho mejor que tú. Pregúntale y sabrás que saben mucho más ellos de tu vida que tú mismo.



Aquí la felicidad se mide en función del nivel adquisitivo.

Bueno, en función del nivel adquisitivo y el grado de estabilidad. Se podría decir que todo depende del grado de estabilidad a nivel profesional, social, personal y económico. Cualquier vicisitud o cambio es una tragedia. Una vergüenza, una deshonra. “Hay que llevar una vida tranquila”, sin sobresaltos. “Una vida cómoda evitando lo incómodo” Un estado de “bienestar” que resulta asfixiante, agotador e insulso.

Hay que vivir bien, comer bien, vestir bien, ir bien perfumado, hablar de nimiedades, no cuestionar nada que no reporte bienestar, no hacer preguntas incómodas, y por supuesto, no salirse del rebaño buscando otras formas de vida. “El mundo así ha sido siempre y así seguirá” “No puedes hacer nada para cambiarlo, debes adaptarte a las reglas de la vida”


En villa pretérito los ancianos logran pasar de la sedestación a la bipedestación con suma rapidez al visualizar a un foráneo.
Ocurre de tal manera ya que deben analizar y averiguar a qué se dedica y qué hace en este lugar. He visto hazañas que creeríais imposibles. He visto a ancianos con prótesis de cadera dar brincos propios de adolescentes al ver pasar a un forastero.



En una conversaión fortuita y sin fortuna una habitante respetable de la villa, no sé a santo de qué, comentó que las ayudas al final siempre se las daban a los inmigrantes, que ella no era racista porque su cuñado estaba casado con una mora y que se deberían de llevar a unos cuantos a sus países porque aquí no hacían nada.
Es asombroso como se indigna la gente con aquellos que están "por debajo de ellos" y "les roban" en contraposición a cuando los que roban están por encima.
Suspiro de desesperación. No me estrañaría que la próxima vez que bajara al pueblo escuchara que la antigua esclavitud debería volver.



Cada día que permanezco en Villa- Pretérito me intoxico un poco más. El juicio se nubla en un imaginario colectivo cuyos valores arcaicos nunca dejan de sorprender a la par que asfixian. Intento relativizar, intentar entender por qué piensan así y no desentonar demasiado, tarea que no logro. Procuro no dar explicaciones e intentar practicar escucha activa mas la mente me teletrasporta a otros lares, paisajes diferentes donde esas diarreas verbales no tienen cabida. El pueblo es un órgano funcional autónomo que absorve a las células colindantes, atrapando a sus presas en una red que ni la mejor de las arañas hubiera tejido.
Hay que andarse con pies de plomo y crear una coraza resbaladiza que proteja contra el aluvión. 


Pensaba ilusamente que este año había logrado escapar de la "semana santa" gracias al Covid-19. Pero ni por esas. LLevo días escuchando a toda pastilla la música de semana santa que algún queridísimo vecino ha decido poner sin pausa. Surge la pregunta de que si hiciera lo mismo con la música que es de mi agrado cuanto tiempo tardarían los municipales en llamar amablemente a mi puerta para que quitara ese ruido.
No solo es la música. Ilusamente creí de verdad que debido a la pandemia podría librarme de la semana santa.
Ando por la calle, no creo que haga falta ni aclarar que obviamente por razones mayores, y no puedo huir de ver en gran cantidad de balcones las diferentes consignas de los diveros pasos de semana santa. Eso, y las banderitas de ejpaña...
Se me revuelven las tripas.
Ahora escucho gritos de Viva la Virgen.
Ahí no acaba todo. En las redes sociales me he comido desgraciadamente un sinfín de videos de procesiones y en los diferentes estados. Incluso he visto velas y santos con el lema virgencita de tal protégenos.
¿Quizás las banderas las puedan utilizar como EPIs?

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