Tras tiempo sin escucharlo, y cuando por fin logro creer que no lo escucharé más, sin previo aviso, aparece. La angustia recorre cada porción de mi cuerpo, me paralizo, e intento defenderme de él. Muevo agitadamente la cabeza, con el objetivo de dejar de escucharlo. En otras ocasiones, ni me inmuto, conforme aparece lo dejo pasar y no le doy la más mínima importancia. No solo aparece en estado de vigilia, también se presenta en mis sueños. ¿Cómo se atreve a presentarse en mi mundo onírico? ¡Desconozco la acción más correcta para enfrentarme a él! ¿Algún día el eco desaparecerá?
Mucho ha llovido desde entonces. Dicen que la calma precede a la tormenta, así es, el silencio se ha disipado cediendo su espacio a la tempestad. Siento que se me escapa el control, la paranoia ha vuelto. Llevaba ya tanto tiempo sin escuchar el eco que el cuerpo se me ha estremecido y luego no podía articular movimiento alguno ni palabra. Pensaba que ya lo había eliminado por completo. El tiempo se distorsiona a la par que la realidad. Las arenas movedizas están atrapándome con la melodía de los castillos de arena. El problema esta en mí, lo sé, pero no puedo evitar adentrarme en ellas. Pronto perderé totalmente el control fusionando realidad y castillos en un mismo plano.
No paro de preguntarme por qué el eco suena tanto en mi cabeza, si es causalidad o casualidad, si la culpa es totalmente mía o responde más bien a incoherencias de la propia existencia. ¿Debo de luchar contra él de forma activa o pasiva? El hecho de luchar contra el eco, ¿acaso no sería más contraproducente, otorgándole aún más fuerza? El jaque mate es sencillo, teóricamente hablando. Solo hay que matar a la esperanza de lo que pudo haber sido, y nunca fue. Ni será.
¿Qué será lo que me une a él? Muchas veces pienso en asesinar al eco, que deje ya de existir para siempre, que nunca vuelva, que me deje en paz. No sentir nada al escucharlo, no estremecerme. Ser incapaz de percibirlo. Pero... siempre vuelve. ¿Quién me dice a mí que tras el silencio y la quietud no se esconda un eco más virulento? ¿Y si me autoconvenzo de que ya no existe, de que nunca más volverá? Soy yo quien le otorga el poder. Lo creé y lo hice más fuerte, ahora toca destruirlo.
Aunque el eco sea seductor, es hora de acabar con él. Su compañía fue grata a la par que perturbadora.
Un sonido inexistente pero irresistiblemente tentador.
Percibo como la venda que me cegaba esta perdiendo opacidad. ¡Cuánto tiempo de embriagadez estúpida!
Tiempo perdido en busca de paraísos ficticios.
El eco no me engañó, fui yo quien decidió, de forma más consciente o menos, adentrarse en el bucle fraudulento.
No sé cuando lo odio más, si cuando no deja lugar al silencio o cuando es el silencio lo único que escucho. Deseo que haga acto de presencia y que logre transportarme a la más insana locura. No soporto este silencio que anestesia los sentidos, esta ataraxia que me asfixia. ¿Más locura albergo con su presencia o con su ausencia? ¿solo son delirios de una mente enferma? El hecho de echar de menos al eco me alerta de que se trata tan solo de su sonido basal. ¿Alguna vez lograré aniquilarlo? No es más que una reminiscencia de algo que tal vez nunca existió, un delirio de grandeza de un alma en desazón.
Este eco maldito acompañará mis pasos hasta la muerte. ¿Qué culpa albergo al leer poemas de amor y que su nombre aparezca en mi mente? De cerrar los ojos y vernos felices juntos en cualquier rincón pestilente. ¿Por qué al final siempre sueño en vigilia con lograr poder verle?¡Siempre pienso que me quiso cuando eso nunca en realidad ocurrió!¡Siempre en oniria contigo, fantasmagórico amor!
Sueño que siempre me quisiste, que no fue vaga ilusión.
FIN
FIN
No hay comentarios:
Publicar un comentario