Irrumpieron en la cabaña de forma repentina y silenciosa. El
grupo de intervención compuesto por seis integrantes apareció como de la
nada.
Sus rostros esbozaban sonrisas siniestras mientras permanecían erguidos y pétreos con la mirada puesta en él. Las ropas que vestían eran holgadas y de color celeste, sus pies calzaban botas negras hasta tres dedos más arriba del tobillo, combinando con un cinturón del mismo color a la altura de la cintura.
Sus rostros esbozaban sonrisas siniestras mientras permanecían erguidos y pétreos con la mirada puesta en él. Las ropas que vestían eran holgadas y de color celeste, sus pies calzaban botas negras hasta tres dedos más arriba del tobillo, combinando con un cinturón del mismo color a la altura de la cintura.
Erik se disponía a tomar su infusión a las las nueve de la
mañana, como hacía de costumbre tras haber dado una vuelta por el huerto
y haber saludado a los animales de la pequeña granja. El terreno no era
conveniente medirlo en hectárias ya que en ciento sesenta metros
cuadrados cuadraba todo; la pequeña cabaña, el huerto y la granja,
inclusive el columpio biplaza.
Tomillo y Romero lo habían despertado más pronto de lo habitual, sobre las cinco de la madrugada. Ambos emitieron un par de ladridos graves que lo desveló, hora antes de lo habitual. Normalmente despertaba con el cacareo de las gallinas. Tras los ladridos comenzó el ritual de buenos días.
Ahora, con la mirada fija en ellos, se preguntaba quiénes serían aquellos intrusos y que pretendían de él. A Erik le aparecieron infinidad de hipótesis en cuestión de segundos. Algunas más realistas y otras más paranoicas, todas ellas descartadas tras un golpe de lucidez.
Tomillo y Romero lo habían despertado más pronto de lo habitual, sobre las cinco de la madrugada. Ambos emitieron un par de ladridos graves que lo desveló, hora antes de lo habitual. Normalmente despertaba con el cacareo de las gallinas. Tras los ladridos comenzó el ritual de buenos días.
Ahora, con la mirada fija en ellos, se preguntaba quiénes serían aquellos intrusos y que pretendían de él. A Erik le aparecieron infinidad de hipótesis en cuestión de segundos. Algunas más realistas y otras más paranoicas, todas ellas descartadas tras un golpe de lucidez.
No sentía miedo, aunque la incertidumbre le estaba matando. ¿Acaso
no es la incertidumbre un tipo de miedo a lo desconocido, el deseo
irracional de la racionalización del todo?
Fuera como fuese, el silencio que ocultaba la intencionalidad de aquellas personas se tornaba taquicardico para Erik.
Fuera como fuese, el silencio que ocultaba la intencionalidad de aquellas personas se tornaba taquicardico para Erik.
Solía recibir visitas cada cierto tiempo, muy gratas a decir
verdad. Sin embargo él no había invitado a aquellas personas, ni tan
siquiera las había visto nunca. Parecían de tierras muy lejanas debido a
sus ropajes y su pose. Sus rostros, con sonrisas cegadoras y amplias,
no combinaban nada con lo que en sus ojos se dejaba entrever. El
antagonismo entre las expresiones faciales no era nada tranquilizador. A
él le agradaba mirar a las personas a los ojos ya que consideraba que
era la mejor manera de comunicación entre seres, vital para discernir
incongruencias entre lo dicho y lo pensado, entre lo expresado y lo
sentido.
-Hola Erik.
-¿Quiénes sois?- Preguntó de forma cortante a la par que se sorprendía a sí mismo del matiz grave que había logrado adquirir su voz.
-Hola Erik.
-¿Quiénes sois?- Preguntó de forma cortante a la par que se sorprendía a sí mismo del matiz grave que había logrado adquirir su voz.
-Permítenos que nos presentemos. - Erik permanecía en silencio e
intentando mantener la máxima serenidad posible- Somos Arginina,
Glutamato, Leucina, Triftófano, Alanina y Aspartato.- Esta vez hablaba
Leucina mientras que el saludo incial lo había proferido Triftófano-
¿Qué tal va todo? ¿Cómo te encuentras?
Que aquellos extraños irrumpieran en su casa como de la nada ya lo había dejado descolocado pero que ahora le hablaran como si lo conocieran de toda la vida resultaba espeluznante. ¿Qué se supone que debería contestar a semejante intromisión?
-Bien.
Que aquellos extraños irrumpieran en su casa como de la nada ya lo había dejado descolocado pero que ahora le hablaran como si lo conocieran de toda la vida resultaba espeluznante. ¿Qué se supone que debería contestar a semejante intromisión?
-Bien.
A Erik le fascinaba lo sencillo. Hace ya muchos años decidió
coger la sartén por el mango y darle la vuelta a la cotidianidad
adquirida en la que se vió sumergido siguiendo la estulticia colectiva y
propia.
Se podría decir que había logrado un presente y futuro prometedor. Tras años de duro trabajo y sacrificio obstentaba una titulación bastante prestigiosa y trabajaba en una gran empresa multinacional. Sueldo más que decente, vida más que tranquila.
Cuando comenzó a trabajar para la empresa la alegría era notoría. Resultaba inevitable que irradiara con su entusiasmo, mas aquella euforia se fue transformando paulatinamente en múltiples preguntas y tedio.
Al ir a dormir se preguntaba como el entusiasmo incial se había desfigurado de tal forma hasta el extremo de odiar su labor y todo lo que tenía que ver con ella.
También recordaba como al principio le chiflapa lo que estudió. Quizás como todos los locos soñadores de la niñez que al topar con las reglas del juego caen en la cuenta de que eso no es realmente lo que quieren y enloquecen al traspasar líneas rojas que en su idílico pensamiento no debieron traspasar. No recordaba exactamente en que momento decidió estudiar publicidad y relaciones públicas y los posteriores master relacionados con su carrera. Sí que existió ilusión al principio mas resultaba ya tan lejana que no podía dilucidarla bien.
Al comenzar a trabajar en la multinacional todo era glamour y elogios por parte de familiares y amigos. Los compañeros de trabajo encantadores y serviciales, los jefes exigentes a la par que comprensivos. Las condiciones de trabajo desde luego que eran envidiables, nada que ver con la explotación en otros sectores del mercado laboral con la posibilidad de trabajar a distancia mientras los objetivos se vieran cumplidos. ¿Qué más se podía pedir?
Se podría decir que había logrado un presente y futuro prometedor. Tras años de duro trabajo y sacrificio obstentaba una titulación bastante prestigiosa y trabajaba en una gran empresa multinacional. Sueldo más que decente, vida más que tranquila.
Cuando comenzó a trabajar para la empresa la alegría era notoría. Resultaba inevitable que irradiara con su entusiasmo, mas aquella euforia se fue transformando paulatinamente en múltiples preguntas y tedio.
Al ir a dormir se preguntaba como el entusiasmo incial se había desfigurado de tal forma hasta el extremo de odiar su labor y todo lo que tenía que ver con ella.
También recordaba como al principio le chiflapa lo que estudió. Quizás como todos los locos soñadores de la niñez que al topar con las reglas del juego caen en la cuenta de que eso no es realmente lo que quieren y enloquecen al traspasar líneas rojas que en su idílico pensamiento no debieron traspasar. No recordaba exactamente en que momento decidió estudiar publicidad y relaciones públicas y los posteriores master relacionados con su carrera. Sí que existió ilusión al principio mas resultaba ya tan lejana que no podía dilucidarla bien.
Al comenzar a trabajar en la multinacional todo era glamour y elogios por parte de familiares y amigos. Los compañeros de trabajo encantadores y serviciales, los jefes exigentes a la par que comprensivos. Las condiciones de trabajo desde luego que eran envidiables, nada que ver con la explotación en otros sectores del mercado laboral con la posibilidad de trabajar a distancia mientras los objetivos se vieran cumplidos. ¿Qué más se podía pedir?
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