El universo se originó hace 15.000
millones de años, mediante un gran explosión denominada el Big Bang, la Tierra
hace 4.500 millones de años, y la vida en sus formas más primitivas, hace 3.800
años. Cuando nació la Tierra, era un lugar
bastante inhóspito, prebiótico, no existía vida en él. Siempre lo he imaginado
como un lugar oscuro y tétrico. En esos tiempos la atmósfera era reductora, anóxica,
es decir, sin oxígeno, compuesta principalmente por dióxido de carbono,
nitrógeno, hidrógeno y vapor de agua
entre otros, y tenían lugar tormentas eléctricas apoteósicas. El Sol quemaba más
que nunca, llegaba a la Tierra la radiación ultravioleta, ya que por aquellos
entonces la capa de ozono aún no existía.
Sin previo aviso, un día del año 700 de la vida de la Tierra aconteció uno de
los espectáculos más impresionantes de la historia de todos los tiempos, nacieron las bacterias.
Nacieron del caldo primitivo o sopa
primitiva, que estaba compuesta por carbono, nitrógeno e hidrógeno, los
elementos principales de los seres vivos, y ayudado de las tormentas eléctricas,
las radiaciones, la energía geotérmica, junto al azar, la casualidad o el sino, los
conjuntos de materia orgánica formada abióticamente durante mucho tiempo, se estructuraron cada
vez en formas mas complejas de biomoléculas hasta dar lugar a las primeras
células, las primeras formas de vida.
Cierro los ojos y lo imagino como un gran cuenco de “sopa
primitiva maravilla” distribuido por la superficie terrestre, que un gran mago
sostiene en su mano, cual chistera, y con la otra lanza con su varita mágica
los rayos de la tormenta eléctrica, esperando que la magia de la vida aparezca.