Primum non nocere es una
expresión latina que significa “primero no dañar” o “lo primero es no hacer daño”. Es el principio básico en
las profesiones de Ciencias de la Salud. Pero muchas veces es necesario causar
un mal menor para poder tratar o curar y así poder obtener un beneficio. Estos
profesionales tienen que trabajar con
personas, y constantemente tienen que lidiar con el daño/beneficio que la
actividad terapéutica pueda ocasionar.
Cuando el daño supera al
beneficio nos hallamos ante un problema, debe de ser al revés, el beneficio
debe ser mayor al daño. Los efectos secundarios, ya sean transitorios o permanentes deben de ser valorados. Los
daños no deben superar a los beneficios.
El primer principio a la hora de
actuar es el de no hacer daño “primun non nocere” pero el objetivo final de
actuación debe orientarse hacia el beneficio, como en el juramento hipocrático
decía, principio de no maleficencia (no hacer daño) y beneficencia (buscar el beneficio).
Se puede dañar por omisión, por
lo tanto Primun non nocere sería algo así como no dañaras y beneficiaras. En
esta vida hay que asumir riesgos, no basta con no dañar, hay que buscar el
bien.
Este principio se
debería aplicar a la vida en general,no hacer daño y buscar el bien en todo lo que nos sea posible. A veces caemos en el error de que no ocasionar
daño es suficiente, yo a eso lo llamo indiferencia.
P.D: Si ideara algún día mi
propio mandamiento, el número uno sería:
Primun non nocere (no
maleficencia y beneficencia)
lunes, 21 de octubre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
El credo acatólico
Creo en el Big Bang todopoderoso
creador del cielo y de la tierra
Creo en omnis cellula ex cellula
nuestro aforismo.
Que fue expuesto por los científicos
Schleiden, Shwann y Virchow.
Nació del caldo primordial
padeció bajo el poder de la tormenta eléctrica
dando lugar a la primera célula.
creador del cielo y de la tierra
Creo en omnis cellula ex cellula
nuestro aforismo.
Que fue expuesto por los científicos
Schleiden, Shwann y Virchow.
Nació del caldo primordial
padeció bajo el poder de la tormenta eléctrica
dando lugar a la primera célula.
martes, 17 de septiembre de 2013
Alba
No sonó el despertador, o si sonó, su sistema límbico lo obvió. Llevaba tiempo que le ocurría eso, mañana tras mañana, no oía el despertador o no lo quería oír, e incluso había días en los que se levantaba de la cama, lo apagaba, volvía a acostarse y luego no recordaba que ella misma lo había apagado. Así comenzaban los días de Carmen. Se despertaba cabreada con el mundo, pero luego el malhumor daba paso a la desidia, compañera que se quedaba a su lado durante todo el día hasta que conseguía conciliar el sueño.
Carmen. Un nombre de dos sílabas, seis letras; de ellas, dos vocales y cuatro consonantes, palabra llana. Nombre propio femenino que en su origen latín significa canto, música, poema, conjuro o hechizo. Sus padres estuvieron a punto de llamarla Alba, ese momento del día desde que empieza a aparecer la luz hasta que el Sol se deja ver en el cielo. Se alegraba de que no la hubieran llamado así, ya que Carmen no veía la más mínima luz en su vida, mucho menos el Sol, el nombre de Alba no le hacía justicia. Tampoco el de Carmen, en aquellos momentos prefería haberse llamado Angustias o Dolores.
Así eran sus mañanas, y sus días transcurrían sin pena y sin gloría, pareciendo cuerda, pero sin serlo. Hace mucho tiempo era una chica muy jovial y risueña, quizás por eso no le costaba mucho sonreír, aun cuando en realidad en su interior lloraba, con el fin de no preocupar a la gente que le rodeaba. Cada vez salía menos, se inventaba diferentes excusas para evitar socializarse. Conforme pasaba el tiempo le resultaba más difícil el trato con los humanos, poco a poco iba reduciendo su campo de actuación, la pasividad se apoderaba de su ser. Desconfiaba de todo, incluso de ella misma. Su familia y amigos estaban allí para lo que hubiera necesitado, pero no quería verlo, solo veía lo malo, lo egoísta, lo mezquino, lo tedioso, lo ruin de esta vida. Se sucedían los días y veía cada vez más situaciones deplorables, matando poco a poco la ilusión por vivir y los sueños. Vivía en el pasado, para ser más exactos, concretamente en lo malo del pasado. El futuro era algo oscuro, inquietante, pensaba que no valía la pena, que estaba condenada al fracaso y también la humanidad. No encontraba un por qué, ya no sabía ni quién era, ni a qué axiomas acogerse. No se ubicaba en el mundo.
A veces se preguntaba cómo había llegado a esa situación, o cuál había sido el detonante del círculo vicioso de la tristeza, pero no encontraba respuestas a sus preguntas y eso la sumergía aún más en la abulia. Se olvidó de perdonar, de enterrar el hacha de guerra, y el odio la consumía por dentro, la iba destruyendo poco a poco, incapaz a su vez de perdonarse por errores que había ido cometiendo a lo largo de su vida y también de los que pensaba que estaba destinada a cometer. Se olvidó progresivamente de las reglas del juego de la vida, del trato entre los humanos, cualquier conversación le parecía absurda, carente de sentido y relevancia. Buscaba la soledad. Sus días eran oscuros, dejó de tener días luminosos. Muy esporádicamente tenía momentos de luz. La oscuridad cada vez tenía más fuerza y debilitó por completo al ser alegre que se alojaba antaño en Carmen, y las ideas fugaces de querer desaparecer de este mundo fueron más asiduas, hasta que no hubo día que no se preguntará que qué hacía en este mundo aún. No sabía por qué luchar, cuando en realidad Carmen siempre había sido luchadora, y tenía muchísimas cosas buenas por las que lidiar y esforzarse, pero las tinieblas no le permitían verlo.
Ya no podía más, quería desaparecer, sus pensamientos de volatizarse le seducían cada vez más, para ella esa era la única solución, el suicidio era la salvación, la nada. Pensaba que era la única forma de dejar atrás la tristeza que tanto tiempo la había acompañado, de superar las incoherencias e injusticias del mundo, flotar en la nada era su mayor deseo, no pensar, no existir. El paraíso del que muchos hablaban debía de ser eso. Carmen deseaba abandonar el mundo, dar término a su vida, pero no podía dar el paso de la teoría a la praxis. Había algo o alguien que se lo impedía. Una noche se adentro en el límite, dispuesta a dar el paso entre la vida y la muerte. Lo tenía claro, era una decisión tomada con bastante anterioridad, sabía que esa noche fría de invierno sería la última. Se disponía a escribir sus últimas palabras, la interacción final unidireccional por parte de ella, ya había pensado en otras ocasiones, en las que rozó el límite, cual serían. Lloraba, como solía hacerlo siempre, a veces en silencio y otras sollozando ruidosamente.
Carmen, que tenía claro que quería desaparecer, aquella noche gélida de invierno perenne, no llevo a cabo su cometido. No logró viajar a la nada. Esa noche no pudo, ni ninguna otra.
Fue el punto de inflexión, a partir de ese día, de forma muy lenta y laboriosa, permitió que la luz fuera entrando en ella. Al principio fue muy duro, ya que había más horas de oscuridad en el día que de luz. Progresivamente fue recuperando la motivación, la esperanza y los sueños, tras años de esfuerzo, la luz inundaba su vida.
Una vez recuperada, una tarde de verano se envalentonó y abrió una caja de madera en la que guardaba lo que escribió en aquellos tiempos de sombras, estuvo leyendo horas y horas, le resultaba muy lejano aquellos escritos, con los que ya no se sentía identificada. Destruyó todo lo que había creado cuando se hospedaba en la oscuridad, lo único qué conservó fue el siguiente fragmento:
“Os hablo de los días negros, desde que amanece hasta que anochece. Abres los ojos por la mañana, al despertar, aún en la cama, y no encuentras un motivo para salir de ahí. Lo hubiera dejado todo, hubiera desaparecido para formar parte de la nada. Pero no pude. Cuando me disponía a abandonar el mundo, de forma fugaz, en mi mente visualizaba su rostro al enterarse del final fatídico de mi decisión y se rompía mi alma. Sin yo quererlo, allí estaba ella, llorando desconsoladamente con su rostro triste y sumergida en la oscuridad, ¿cómo podía llevar a cabo tal tropelía? ¿Cómo podía dar término a mi existencia? ¿Cómo podía hacerle eso a la persona que había dado todo por mí? ¿Así se lo iba a agradecer, suicidándome? Sí, la veía a ella, y sabía que no podía hacerle eso, al ser que me había dado la vida, la que me quería aunque yo muchas veces no supiera verlo, la que había luchado por mí desde el día que nací, e incluso antes, cuando la sociedad y la familia le decían que lo mejor es que no me hubiera parido, la que sacrificó su vida para darme un futuro en este mundo de injusticias, la que hiciera las cosas mejor o peor siempre estaba allí para darme ánimos, la que me decía que aprovechara el tiempo, ya que era lo único de que lo que disponía en esta vida, ¿cómo podía hacerle eso a esa mujer? ¿Cómo podía hacerle eso a mi Madre? Quizás nunca llegue hasta a ti esto, pero no solo me diste la vida, también impediste que me fuera de ella, y me proporcionaste el camino para llegar a la luz”
Carmen guardo este fragmento en un sobre de pequeñas dimensiones, y puso en la parte anterior del mismo lo siguiente:
“Para los días en los que nada tiene sentido, días en los qué no sabes por qué estás donde estás y para qué, en los que el peso de la Tierra lo llevas sobre tus hombros”
Ha pasado mucho tiempo desde esa tarde, en la que conservó ese fragmento de lo que escribió cuando aún estaba recuperándose de la tristeza que un día fue la dueña se su vida, está donde lo dejó ese día, en el primer cajón de la mesita de noche de su habitación. La etapa oscura de Carmen ocurrió cuando tenía veintitantos años, ahora tiene treintaitantos y es madre de una niña llamada Alba. No sé si lo sabrás, pero Alba es amanecer, el despertar del día, el momento en el que empieza a aparecer la luz.
martes, 27 de agosto de 2013
La sopa primordial
Hace muchos años, muchísimos
años, aproximadamente 3.800 millones de años, tuvo lugar el origen de la vida.
De la sopa primordial de biomoléculas surgieron las primeras formas de vida en el planeta
Tierra, las Bacterias. La vida se alojó en ese planeta llamado Tierra y esté a
su vez en el Universo.
El universo se originó hace 15.000
millones de años, mediante un gran explosión denominada el Big Bang, la Tierra
hace 4.500 millones de años, y la vida en sus formas más primitivas, hace 3.800
años. Cuando nació la Tierra, era un lugar
bastante inhóspito, prebiótico, no existía vida en él. Siempre lo he imaginado
como un lugar oscuro y tétrico. En esos tiempos la atmósfera era reductora, anóxica,
es decir, sin oxígeno, compuesta principalmente por dióxido de carbono,
nitrógeno, hidrógeno y vapor de agua
entre otros, y tenían lugar tormentas eléctricas apoteósicas. El Sol quemaba más
que nunca, llegaba a la Tierra la radiación ultravioleta, ya que por aquellos
entonces la capa de ozono aún no existía.
Sin previo aviso, un día del año 700 de la vida de la Tierra aconteció uno de
los espectáculos más impresionantes de la historia de todos los tiempos, nacieron las bacterias.
Nacieron del caldo primitivo o sopa
primitiva, que estaba compuesta por carbono, nitrógeno e hidrógeno, los
elementos principales de los seres vivos, y ayudado de las tormentas eléctricas,
las radiaciones, la energía geotérmica, junto al azar, la casualidad o el sino, los
conjuntos de materia orgánica formada abióticamente durante mucho tiempo, se estructuraron cada
vez en formas mas complejas de biomoléculas hasta dar lugar a las primeras
células, las primeras formas de vida.
Cierro los ojos y lo imagino como un gran cuenco de “sopa
primitiva maravilla” distribuido por la superficie terrestre, que un gran mago
sostiene en su mano, cual chistera, y con la otra lanza con su varita mágica
los rayos de la tormenta eléctrica, esperando que la magia de la vida aparezca.
domingo, 25 de agosto de 2013
Conservas
Eran las seis de la tarde de un verano
muy caluroso, pero en aquel cortijo corría un airecito muy fresco que llegaba
hasta el alma y lo depuraba de las toxinas que se acumulaban en él. Se respiraba paz en aquel lugar alejado de
los ruidos cotidianos de la ciudad, se oía el piar de los pájaros, los ladridos
de los perros, el cacareo de las gallinas… se escuchaba perfectamente, sin el
rugir de los vehículos a motor ni el bullicio de las multitudes.
Alrededor de la casita se hallaba el
huerto, justo en la parte izquierda, no era muy extenso, pero proporcionaba
víveres y entretenimiento más que suficientes. En unos cuarenta metros cuadrados
había pimientos rojos, verdes y picantes, cebollas, berenjenas, calabacines, calabazas,
alcachofas, sandías, melones de piel de sapo, tomateras de pera, cherry... y rodeando el huerto y la casita de campo,
numerosos olivos de un verde espléndido, que además, a esa hora, proporcionaban
bastante sombra. Sombra que aprovechaban los perros para refugiarse del sol,
después de corretear por toda la extensión del cortijo y más allá. Coco tenía
tan solo dos meses, correteaba por el campo con el rabillo agitado todo el
tiempo. También corrían Princesa y Careto. Princesa era preciosa y muy
enérgica, Careto no cumplía con los cánones de belleza canina, de ahí su
nombre.
Lucía había quedado esa tarde con sus
amigas de toda la vida para hacer conservas, así que nada más llegar, el grupo
de cinco muchachas de veinte años, unos cuantos años arriba, unos cuantos abajo,
se puso manos a la obra a recoger
pimientos, tomates, calabacines y berenjenas. Se dirigieron a la cocina de la
casita a lavar y cortar lo recogido. Una vez todo cortado lo vertieron en un
recipiente muy grande a fuego lento durante media hora, y añadieron la sal y el
aceite pertinentes para lograr una salsa casera perfecta. En unos botes bien limpios, con la ayuda de
un cucharón, introdujeron con esmero el sofrito, taparon bien los botes y los dejaron
al baño maría casi media hora. Llegaron a llenar más de veinte botes.
Una vez terminada la tarea de las conservas,
se sentaron en la sombra apoyándose en la fachada de la casa. Cataron, de los
restos del recipiente grande donde lo habían cocinado, el sofrito acompañado de
unos trozos de pan. Esa tarde, el grupo de chicas no había hablado mucho, veían
corretear a Coco de un lado para otro,
disfrutaban del fresquito y la paz. Eran
las nueve, habían trascurrido las horas muy rápido preparando las conservas. En
esas tres horas desconectaron completamente
de los problemas y ansiedades que a cada una le atosigaban. Pararon el
tiempo. No solían ir al cortijo, pero comentaron entre ellas volver a ir cuando
tuvieran ocasión.
Seguían sentadas en la fachada, podrían haber estado
horas y horas sin moverse, viendo a Coco, Princesa y Careto corretear,
escuchando esos sonidos que tranquilizaban los demonios que se hospedan en el interior de las almas.
Sabían que quedarían pocas tardes como esa, el verano llegaba a su fin, y
pronto cada una tomaría una dirección diferente.
sábado, 24 de agosto de 2013
Soma o Prozac
Quiero tres gramos de soma
o unas cuantas cajas de prozac
quiero liberarme de las penas
aunque ya no haya vuelta atrás.
¿Quién acudirá a mi funeral,
con qué dedicatorias me deleitarán,
cuántas lágrimas serán derramadas?
¿Cuántos llorarán de verdad?
Ya no estaré para verlo,
habré escapado, del bien y del mal,
podrás observar el cielo
donde vamos todos al final.
La nada aparecerá,
en realidad el cielo es oquedad,
nada de paraíso, si vacuidad.
En fin, el fin, expirar.
o unas cuantas cajas de prozac
quiero liberarme de las penas
aunque ya no haya vuelta atrás.
¿Quién acudirá a mi funeral,
con qué dedicatorias me deleitarán,
cuántas lágrimas serán derramadas?
¿Cuántos llorarán de verdad?
Ya no estaré para verlo,
habré escapado, del bien y del mal,
podrás observar el cielo
donde vamos todos al final.
La nada aparecerá,
en realidad el cielo es oquedad,
nada de paraíso, si vacuidad.
En fin, el fin, expirar.
Eco
Escucho un eco. Es un eco de un sonido ya muy lejano que debería de haber desaparecido hace ya mucho tiempo, que llega a veces muy debilitado y otras con una fuerza apabullante. Esas veces me maldigo, me castigo y me flagelo. Me odio, llego a odiarme hasta límites extremos. El método empírico, tras años de experiencia, me permite saber que ese eco es algo ficticio, que incluso, ese primer sonido del que procede, no es real. Lo sé, pero eso no basta para dejar de escucharlo.
lunes, 12 de agosto de 2013
Hechízate
Dicen que la esperanza es
lo último que se pierde, tienen razón, una vez perdida la esperanza no queda nada. Absolutamente nada. La esperanza, la magia, la ilusión, los
sueños, el encantamiento… son vitales
para la vida. Saber apreciar la magia de
la vida es estar enamorado de ella, es saber apreciar lo que uno tiene y querer
luchar por un mundo mejor.
“En un país cada vez más
cínico, las buenas historias, las bonitas, son cada vez más raras, pero no es
que no existan, hay millones, tantas como hay colombianos, lo que pasa es que
hay que buscarlas debajo de una densa capa de desesperanza que le ha crecido a
esta patria, que nos ha hecho olvidar quiénes somos, como en esos cuentos de
hadas, en donde un antiguo reino cae en desgracia hechizado por alguna
maldición inexplicable como si se nos hubieran muerto las princesas y hubieran
matado a los príncipes, como si nos hubieran secuestrado los sueños y nos
hubieran minado las almas. Pero debajo de ese letargo y de tantas cicatrices
todavía estamos ahí. Como bellas y hermosas durmientes, esperando que un beso
de vida nos despierte, que nos recuerde lo buenos y encantadores y reales y
mágicos que podemos ser. Bienvenidos a la tierra de los sueños. Quién no soñó
alguna vez con ser un valiente caballero o un príncipe guerrero o una cándida
hechicera o un hada voladora o con tierras embrujadas y románticos deslices o
épicas batallas o gestas imposibles. ¿No son todos los sueños muy parecidos?
¿No anhelamos casi todos lo mismo desde siempre, desde el principio de los
tiempos? Es por eso que contamos historias, lo hacemos desde que bailábamos a
la luz del fuego y bajo las estrellas, lo hacemos ahora a través de nuestros
televisores y en el cine, lo hacemos desde que inventamos la escritura, desde
que se hizo el teatro y se creó el circo. Y si en alguna parte del mundo hay un
espectáculo que reúne la magia de lo antiguo con el poder de lo moderno, el
hechizo de la imaginación y el embrujo de la tecnología, y si es en vivo y en
directo, es aquí, en el espectáculo más hermoso de la tierra.”
domingo, 11 de agosto de 2013
Ataques de cordura
-Últimamente sufro
ataques de cordura, doctor. Estos se suceden cuando me enajeno durante varias
horas seguidas, llego a pensar que el mundo es un lugar maravilloso, incluso
que vale la pena vivir.¿Cómo puede ocurrirme tal atropello? ¿Cómo es posible
llegar a pensar eso con las injusticias,
sinrazones e iniquidades de esta vida? Le prometo doctor que sigo siendo
ateo, no existe por tanto una divinidad que ofrezca calma y paz a mi ser. ¿Cuál
es la causa de mi cordura? ¿y si desaparece así el espíritu crítico?, ¿dónde irá
a parar la musa? Tampoco estoy enamorado, no entiendo por qué me ocurre esto… ¿Por
qué sufro de cordura, doctor?
La ensoñación
¿Sabes cuál es mi mayor defecto? Soñar despierta. En realidad es un mecanismo de defensa al que
recurro con bastante asiduidad. ¡Resulta tan fácil escapar de la realidad en la
ensoñación! Quizás, por no saber afrontar en la vida real los problemas,
recurra tanto a ella.
Un día soleado de junio, para mí, paró el tiempo, volvía a mi jaulita de cristal. Cuando salí, pensaba que el mundo seguiría tal y como lo dejé antes de entrar. ERROR. El mundo no para de girar.
Un día soleado de junio, para mí, paró el tiempo, volvía a mi jaulita de cristal. Cuando salí, pensaba que el mundo seguiría tal y como lo dejé antes de entrar. ERROR. El mundo no para de girar.
Te echo de menos
Te echo de menos. Y no quiero echarte de menos. No me apetece molestarte y
que me llames pesada. Pero quiero hablar contigo, sentirte cerca aunque estés
lejos. No quiero ser inoportuna, pero necesito saber que estás ahí. Si no
tuviera miedo a perder…
Si no tuviera miedo a perder te diría que te quiero.
Pero sé que si te lo dijera huirías de mí, o eso es lo que creo.
Eres más importante para mí de lo que deberías ser, de lo que me gustaría… Escapa a la lógica.
Pero no puedo decirte adiós, aún no puedo. Me engancho a ti demasiado
rápido.
¿Cuál es la realidad? ¿Es una simple amistad que confundo con otros
sentimientos? ¿Es mi culpa o es tu culpa? Llevo ya mucho tiempo así, y esto no
es sano.
Te echo de menos, y no lo entiendo, no sé por qué, la culpa tiene que ser
mía.
Me río de mí misma, no quería volver a las andadas y he vuelto a
engancharme a ti como antes. No sé cuántas veces me lo habré repetido: «olvídale», «no te ilusiones con tonterías». ¿Para qué? Para volver a caer
otra vez. El problema esta en mí, algún que otro circuito neuronal falla. ¿Cuándo
podré olvidarme definitivamente de ti?
Cuando creo que la herida está terminando de cicatrizar, se produce la dehiscencia…vuelta
a las andadas. Y otra vez a empezar con las curas.
Mi miedo a decirte que quiero algo más de ti y mi miedo a perderte como
amigo me llevan a un daño continuo que me destruye lentamente. ¿Y si te dijera
que te quiero? ¿Y si asumiera ya de una vez por todas que somos amigos, y no
hay nada más? ¿Por qué resulta tan raro interpretar la realidad?
Me vicié demasiado a ti, pensaba que lo controlaba… ilusa. En realidad creo
que me vicié a ti desde el momento cero y nunca he conseguido desengancharme.
Creo recordar, rectifico, recuerdo perfectamente un día en el que hablando
nos preguntábamos quién se viciaría más de los dos. Lo típico, yo te decía que
tú, y tú me decías que yo. No recuerdo qué apostamos exactamente, no sé si era
un helado o cualquier otra nimiedad.
Lo único que sé es que ganaste tú.
Siempre quiero más de ti, nunca tengo suficiente. Te echo de menos.
Te lo pido por favor… no me des nada si no es veneno.
Dicen que enamorarse es
algo bonito, yo creo que no es así. Enamorarse es volverse débil y vulnerable.
Las cosas adquieren un significado erróneo.
La ciudad de los vientos
Vivo en la ciudad de los
vientos,
Él me acompaña, en mis
lamentos,No soy una persona muy cuerda
Pero daré aún mucha guerra.
Sé que algo en mí no funciona,
La cabeza demasiado me pesa
Y la cordura a mí no regresa.
¿Dónde quedo la alegría,
¿Qué quedo de ese ser curioso
Que ahora ve todo borroso?
La oscuridad
No sé cómo entré en aquel lugar
Tampoco sé cómo salí de él
Otra vez siento fuerza para luchar
Ilusión, esperanza, fuerza y sed
Sed de superación
De querer aprovechar cada segundo
Sed de superación
De querer estar viva en este mundo
La oscuridad se ha tornado luz
El miedo se ha esfumado
La oscuridad se ha tornado luz
La esperanza ha llegado
Cuando el abismo se convirtió en
catapulta
Cuando el agujero negro me indicó el
camino a seguir
Cuando la inspiración vino sin yo
buscarla
Cuando la musa apareció sin yo
llamarla
Por fin vi el sol brillar
Al ruiseñor cantar
Tuve fuerzas para avanzar
Y conseguí soñar
Dejé todo lo malo atrás
El lastre que me impedía volar,
Ahora tengo yo el As
Fuerza e ilusión para progresar
El color de todo ha cambiado
El negro ya no es omnipresente
La ansiedad se ha esfumado
Y mi mayor tesoro es el presente
Valoro lo que tengo
Y no lo quiero dejar ir
Mi familia mis amigos
Es por lo que quiero vivir
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