*Aquella tarde nada inusual y bastante insulsa permanecían
aletargados en su casa llamada “hogar”. Eran ya casi las ocho de la
tarde cuando por primera vez intercambiaron unas palabras más allá de
las básicas para la mera convivencia, aun así no dejaban de estar
cargadas de monotonía y automatismo.
-Te quiero-Dijo ella.
-Yo también te quiero- contesto él. Y sin mirarse a los ojos sus labios se juntaron levemente para sintetizar un “beso”. Sí, un beso entrecomillado, cargado de rutina y despojado de sentimiento, como aquellas palabras que acababan de pronunciar.
*Ya no le quedaban lágrimas y sus sollozos se habían ahogado cada vez más. Ni tan siquiera podía moverse. Tenía los ojos medio abiertos, sin embargo era imposible lograr ver. Sentía como si su cuerpo no respondiera a sus órdenes. Sentía que no podía estar ocurriendo tal hecho. Otra vez no. Desvanecida, desorientada y pétrea permanecía mientras aquel hombre la violaba por enésima vez.
-Te quiero-Dijo ella.
-Yo también te quiero- contesto él. Y sin mirarse a los ojos sus labios se juntaron levemente para sintetizar un “beso”. Sí, un beso entrecomillado, cargado de rutina y despojado de sentimiento, como aquellas palabras que acababan de pronunciar.
*Ya no le quedaban lágrimas y sus sollozos se habían ahogado cada vez más. Ni tan siquiera podía moverse. Tenía los ojos medio abiertos, sin embargo era imposible lograr ver. Sentía como si su cuerpo no respondiera a sus órdenes. Sentía que no podía estar ocurriendo tal hecho. Otra vez no. Desvanecida, desorientada y pétrea permanecía mientras aquel hombre la violaba por enésima vez.
-Te quiero- susurro el violador de forma lenta a la niña de diez años
que estaba debajo de él. Mientras le acariciaba el pelo. Luego le cogió
la cara firmemente para que le mirara a los ojos- Te has portado muy
bien. Eres una buena niña...- dijo mientras acariciaba sus muslos con la
otra mano-Y las niñas buenas no pueden ser unas chivatas. Luego nadie
las quiere. ¿Entiendes?
La niña una vez vestida se secó las lágrimas antes de que llegara su madre para recogerla. Debería de buscar otra buena escusa para poder librarse de aquellas clases particulares de inglés.
*-Te quiero.-Dijo él tras algunos rodeos producto del nerviosismo, mientras sus ojos permanecían vidriosos.
La niña una vez vestida se secó las lágrimas antes de que llegara su madre para recogerla. Debería de buscar otra buena escusa para poder librarse de aquellas clases particulares de inglés.
*-Te quiero.-Dijo él tras algunos rodeos producto del nerviosismo, mientras sus ojos permanecían vidriosos.
Nunca había imaginado que nadie pronunciaría aquellas palabras para
dirigirse a ella. Y menos escucharlas de él. Sin previo aviso comenzó a
llorar sin entender porqué. Al cabo de unos segundos comprendió que
esas lágrimas provenían de un reino jamás antes visitado. Esas lágrimas
nacían de la felicidad más pura. Pronunció aquellas mismas palabras para
dirigirse a él.
Ambos lloraron mientras se abrazaban con fuerza. Ambos dichosos de querer y ser queridos. Sintiendo a la persona amada aquí y ahora, disfrutando de su declaración de amor.
*Estaban tranquilamente paseando por cuaquier calle poco transitada de cualquier lugar, como cualquier pareja sus manos se entrelazan y a cada cierta distancia recorrida se daban algún que otro beso. Ningún acto terrorista hasta ahora catalogado como tal.
Ambos lloraron mientras se abrazaban con fuerza. Ambos dichosos de querer y ser queridos. Sintiendo a la persona amada aquí y ahora, disfrutando de su declaración de amor.
*Estaban tranquilamente paseando por cuaquier calle poco transitada de cualquier lugar, como cualquier pareja sus manos se entrelazan y a cada cierta distancia recorrida se daban algún que otro beso. Ningún acto terrorista hasta ahora catalogado como tal.
A lo lejos aperecieron dos individuos. En realidad ya llevaban rato
observándolos desde que sus caminos en direcciones contrarias se
encontraron. Unos en un extremo de la calle y los otros en el extremo
contrario.
La pareja no volvió a besarse pero sí permacían con sus manos entrelazabas. Cuando faltaban pocos metros para que aquellas cuatro personas se situaran a la misma altura de la calle se puedo escuchar:
-¡Maricón! ¡Maricones de mierda! Puto asco de maricones. ¿Qué creeis que haceis? ¡Enfermos! - se acercaba uno de los individuos a toda velocidad hacia la pareja mientras profería toda clase de insultos con sumo desprecio. No calló ni cuando le propinaba a uno de ellos un puñetazo en la cara.
La pareja no volvió a besarse pero sí permacían con sus manos entrelazabas. Cuando faltaban pocos metros para que aquellas cuatro personas se situaran a la misma altura de la calle se puedo escuchar:
-¡Maricón! ¡Maricones de mierda! Puto asco de maricones. ¿Qué creeis que haceis? ¡Enfermos! - se acercaba uno de los individuos a toda velocidad hacia la pareja mientras profería toda clase de insultos con sumo desprecio. No calló ni cuando le propinaba a uno de ellos un puñetazo en la cara.
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