martes, 14 de abril de 2020

LA PARCA

Desconozco cuánto tiempo llevo así.
Hoy, para mi sorpresa, he descubierto que estaba muerto. Si no hubiera pasado por aquella calle... Aunque no sé desde cuándo llevo en ese estado... quizás ese dato no es importante, lo que sí lo es, es que hoy, lo he descubierto. Muerto. ¿Por qué la vida me abandonó o quizás fui yo quién la abandonó a ella? ¿Cómo es posible no haberme percatado de mi muerte? ¿Qué es lo que he hecho estando muerto?

El día comenzó como de costumbre. Un rápido café solo para desayunar, aseo básico y vestimenta con el ropaje que ya había seleccionado la semana anterior. Me disponía a arrancar el coche para ir al trabajo, pero el coche no arrancaba. Eso supuso romperme los esquemas. Ya no recordaba el día en que no hubiera ido a trabajar sin desplazarme en él. Contratiempos. Menos mal que siempre salía con algo de antelación, por lo que quizás no llegaría demasiado tarde.
Yendo a pata, el camino más corto era atravesando unas callejuelas, así no tendría que hacer un cuadrado perdiendo aún más tiempo. Mis pensamientos estaban en las tareas que debería realizar una vez llegara al trabajo. Papeles, papeles y más papeles. Burocracia en estado puro durante nueve horas. Rellenar papeles con los datos pertinentes, compulsar y archivar debidamente. Ayer quedaron una hojas por clasificar y hoy sería lo primero a lo que ponerse manos a la obra. Faltaba también notificar que eran necesarios tres carpesanos nuevos para introducir debidamente la información recolectada. Ensimismado en mis pensamientos fue cuando acabe pasando por aquella calle.
La anchura de la misma era de unos seis metros, con dos aceras estrechas para los peatones y un espacio central para el transcurso de los coches en un sentido, contrario al mio. Fue al doblar la calle cuando visualicé a los lejos la figura de un hombre andrajoso. Para mi suerte transcurríamos en diferentes aceras.
Bajé la mirada para buscar el móvil en el maletín con el objetivo de mirar la hora. Al levantar la mirada ahí estaba él.
¿Había corrido para situarse en mi acera? Era imposible que le hubiera dado tiempo a cruzar a un paso normal.

Lo miré fijamente, pudiendo observar su cabello. Desde luego que ayer no se había duchado. Su cabello estaba aglomerado y caótico, sus vestimentas roídas y hechas harapos. Su piel lucía terrorífica, completamente llena de arrugas. Estaba convencido de que su intención era robarme. ¡Qué poco seguro es ir al trabajo a pie!
Cuando mis ojos toparon con los suyos pude ver un brillo casi enfermizo. Fue entonces cuando sonrió de oreja a oreja como si se le fuera la vida en ello, acentuando aún más esas arrugas tenebrosas. Lejos de querer transmitir horror, su mirada reflejaba un entusiasmo tal que no podría ser otra cosa que locura o consumo de estupefacientes.

-¡Buenos días!

Su voz lejos de denotar horror, reflejaba un entusiasmo enfermizo. ¿Cómo pretendía ese andrajoso robarme de esa forma tan poco terrorífica? Daba la sensación de que me deseara los buenos días de forma sincera. Lleno de alegría y entusiasmo. Su dentadura no es que se hubiera blanqueado de repente, pero pude discernir que más que una sonrisa histriónica, era una sonrisa nacida de una inocencia casi en extinción, apenas humana. Permanecía sonriente, y mientras, yo perplejo y petrificado sin saber cómo actuar. En realidad ni lo pensé ni quise... en mi rostro había comenzado a esbozarse una sonrisa. ¿Por qué sonrío? Su sonrisa al percatarse de la mía logró acentuarse aún más. ¿Era posible?
Dirigí mi mirada nuevamente a sus ojos. Ese brillo enfermizo...¿locura? ¿entusiasmo? ¿inocencia? Solo sé que el destello de sus ojos lograría cautivar a cualquier anima con la que se cruzara en cualquier calle.

-Los sueños reclinan en almohadas de plumas.- Su voz se tornó un hiladillo sutil y delicado, susurrante y pausado, como si estuviera desvelando un gran secreto manifiesto a la par que olvidado.- Despierta.

Dicho eso, prosiguió con su camino. Tuve que voltearme para ver como desaparecía por la esquina por la que había pasado yo hace unos minutos, no sin antes obsequiarme con otra sonrisa de oreja a oreja.
Su expresión y sus palabras habían secuestrado mi movimiento y pensamiento. Paralizado, en otra dimensión. Una y otra vez volvía a escuchar sus palabaras. "Los sueños reclinan en almohadas de plumas. Despierta"
Derrumbado, comencé a llorar.

 Ahí, comprendí que había estado muerto. ¿Cuánto tiempo llevaría en ese estado? ¿Años? ¿Décadas? ¿Qué día decidí asesinar todas las metáforas para cobijar tan solo una lectura literal de la vida? ¿Dónde fueron a parar las alegorías, dónde han estado invernando durante todo este tiempo?¿Por qué un día decidí asesinarlas?¡Cuánto tiempo soñando solo en fase REM! ¿Qué hay de los sueños en vigilia?
No sé cuanto tiempo he estado muerto, lo único que sé, es qué el día que destruí todas las metáforas morí.
Estoy bastante aturdido y desorientado. No sé hacia dónde dirigir mis pasos...
Ese día calibre la brújula. Rumbo: lo más lejos posible de la realidad.

FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario