domingo, 12 de noviembre de 2017

Sorbos de aguamiel

Dicen por ahí que soy lo más cruel e inexorable de la vida. Nombran con miedo mi nombre y conjugan mi esencia en dispares estados del alma. Algunos ni son capaces de emitir todos los sonidos necesarios para nombrarme acabando por optar por eufemismos o metáforas. Llámame Muerte o Parca, dejad de tratarme como si no existiera.

Hoy podría ir a por ti y arrebatártelo todo u ofrecerte la calma que tanto anhelas. 

Existen muchos tipos de muerte, no es mi cometido relatar todos los pormenores y detalles de esta labor que realizo desde el principio de los días hasta que llegue el final de los mismos. Sin embargo, me veo en la obligatoriedad de explicar algunos detalles de mi oficio. 

Hice un pacto con la Vida hace mucho tiempo, "Yo los traigo y tú te los llevas" me dijo. Desde aquel día no descanso. Causo sentimientos contradictorios, unos me aman al despojarles de la condena de la eternidad y otros me odian al despojarles de sueños que aún querían realizar. Nunca llueve a gusto de todos. Pero yo también albergo mis propios sentimientos al lidiar con las reglas impuestas por la Vida. 

En bastantes ocasiones son los humanos los que magnetizan para que llegue a ellos, no siempre acudo cuando me gustaría. 

Bebía pequeños sorbos de aguamiel para endulzarme celebrando que el día de los muertos estaba llegando a su fin. Un día duro, con la saturación de haber ido paseando por las calles y cementerios escuchando todos los pensamientos de los humanos con sus diferentes teorías sobre quién soy y por qué voy a por ellos. Creía que podría dar una cabezada, pero no ocurrió así. Me llamaban.

Cuando acudí para llevarme su vida la vi ensangrentada. Despojada de su ropa y desangrándose poco a poco por las diversas heridas de sus miembros, el hematoma craneal y los desgarros vaginales. Apenas pude adivinar su rostro desfigurado por esos bultos amoratados, cejas y labios partidos que habían dejado regueros de sangre. Aun así, se adivinaba joven. Permanecía inmóvil. No había nada que hacer más que ejercer mi quehacer.

Al levantar la mirada observé una figura que desaparecía al final de la calle, desviándose por la primera callejuela que se situaba a la derecha. En sus manos relucía la sangre fresca al incidir sobre ella la luz de la farola. 

Julia, veintitrés años. Natural de México. Soñadora y artesana de madera. Tallaba con maestría y entusiasmo figuras que alojaban en su interior la magia en manos de criaturas. Lijadora de rugosidades a jornada completa, empoderada empedernida. Creadora de caminos insólitos y destructora de senderos arcaicos.
No estaba escrito su nombre en mi agenda hasta dentro de décadas, cuando de forma natural mi llegada a ella hubiera sido dulce. Ella allí, añeja y ajada, recostada en su mecedora.

¿Esto es lo que me espera toda la eternidad? Volví a pasar por aquella fábrica para apropiarme de más botellas de aguamiel. Pequeños sorbos para reconciliarme con la Vida y entender por qué si me otorgo a mí el cometido de la muerte, sus fascinantes criaturas son asesinadas a manos de sus criaturas más abominables.
 #DíadelosMuertos.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Soliloquio de ultatumba

Observo detenidamente tu lápida. Permanece impoluta e íntegra... ningún indicio de que hayas decido salir de ahí para dar una vuelta. Aquí me hallo, como un ser estúpido esperando algo imposible. Con la esperanza, tal vez, de acudir un día al cementerio y descubrir que tu nombre no está escrito en ese cruel mármol, que todo fue tan solo una mala pesadilla. ¡Y salir a buscarte! En el mejor tiempo de todos los tiempos. Aquel en el que respiras con brío. 

Nunca fueron de mi agrado los días señalados en el calendario. ¡Como si ellos marcaran los biorritmos! Todos los días son días de todo. El calendario marca hoy dos de noviembre, curioso día, que según donde hubieras nacido sería el Día de los Muertos, el Día de los Fieles Difuntos, o simplemente nada. 

Si yacieras en México, estoy segura de que Enrique te obsequiaría con cacahuetes y fajitas, esas de las que presumías saber hacer tan bien una vez él te enseñó su receta. Si yacieras en Marruecos, Sadia, Yousef y Hasna te visitarían el viernes y luego comerían un buen plato de cuscús. Pero yaces aquí, en España, donde la gente, vestida de domingo, lleva flores y velas. 

No soy de traerte nada, ya lo sabes, ni de venir a hacerte visitas. Soy más de hablarte en cualquier lugar y momento inesperado, cuando tu recuerdo acude tanto en dicha como en desdicha.
Tu silencio me asfixia. Tu inexistencia me mata. Es por ello que a veces decido olvidar que ya no estás con vida. En ocasiones desearía ser lo que tú eres ahora, meramente para estar cerca de ti, acompañándote. La nada tiene pinta de ser un lugar demasiado vacuo. Cuestiono ahora nuestro ateísmo, quizás la reencarnación o el cielo fueran lugares y estados más paradisíacos para la eternidad. ¡Como si ilusamente el creer en algo fuera a servir para alojarse en un sitio u otro! 

¿Tú qué crees? No sé ni para qué te pregunto si llevas un montón de tiempo sin decir ni mu. ¡Malasombra! Así te llamaba la abuela Carmen, ¿recuerdas?

¡Qué absurdo que estés metido ahí para siempre! Mírate. Tu rostro grabado en la lápida del nicho. ¡Tan joven y sonriente! Esperpéntico es que nunca vayas a envejecer y que tus sueños permanezcan expoliados dentro de ese ataúd. Arcadas incesantes de pretéritos inalcanzables. Mentiría si dijera que no despierto cada mañana pensando en ti, redescubriendo día tras día la irreversibilidad de tu ausencia.

Al entrar al cementerio he coincidido con el sepulturero que justo acababa de abrirlo. Hemos estado hablando del encalado de los árboles, de la futura ampliación, ya sabes, las no intermitencias de la muerte, y del día soleado que hace hoy. Los jilgueros revolotean entretenidos en este día apacible.

Resulta perturbador que en mis pesadillas mueras. ¡Como si no hubieras muerto ya! Despierto sin saber si maldecir la pesadilla o maldecir la realidad. Maldigo tu inexistencia. Lucho contra este dolor perenne que todo acibara. Otras veces me pregunto qué tal te va por aquí, allí o donde sea que estés y si te falta algo, si tienes consciencia de que estás muerto o si existe una realidad paralela donde aún respiras. No soporto situarte en la nada. 

No todo son pesadillas. Anteayer dormí en el sofá. Al despertar me dijeron que mientras dormía había comenzado a sonreír hasta llegar a reírme, que qué bien lo pasaba en sueños, que a saber qué estaba soñando. Lo que no saben es que estaba soñando contigo. Te veía, nos abrazábamos y nos reíamos juntos de este broma macabra.
#DíadelosMuertos