Palabras calladas, momentos robados,
besos extraviados, sueños incautados,
abrazos expoliados, bríos requisados,
sonrisas perdidas, corazones helados.
Presencia ausente, carcajada inaudible,
sonido en silencio, respiración expirada,
movimiento en quietud imperturbable.
Caminos rotos en existencia despojada.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
martes, 30 de diciembre de 2014
Rejas
Se disponía a dormir justo a media noche, justo como lo llevaba haciendo desde hace meses, sin apenas variación en la forma y en la hora. Pensó qué haría al día siguiente y la desazón apareció para mostrarle la insustancialidad de su existencia. Mañana realizaría lo mismo que hoy, que ayer, que antes de ayer, y así hasta varios meses. Sin apenas modificaciones en el itinerario de su vida.
La vida que llevaba empezaba a saturarle, horarios, hábitos y costumbres lo enjaulaban. Una reja invisible e imaginaria le impedía realizar un itinerario diferente al establecido. Sabía que él mismo era el que construía esas barreras y a su vez, quien poseía las herramientas para destruirlas. No obstante, no conseguía liberarse. Tampoco era tan sencillo, ya que esas costumbres no le incumbían a él solo, si no que iban ligadas a diferentes personas a las que no quería defraudar. Por un lado estaba el sentimiento de asfixia del que quería desprenderse y por otro lado, el de no causar dolor a terceros.
En realidad todo eran excusas para no afrontar cambios. A la persona que más defraudaba era a si mismo.
Deseaba trasladarse un tiempo a otra ciudad, romper hábitos fuertemente arraigados. De esos en los que no sabes exactamente porqué haces lo que haces pero finalmente lo haces, sin cabida a introspecciones que analicen los actos llevados acabo a lo largo del día. Unos cuantos días de esos no resultaban dañinos, pero cuando se convertían en norma, le angustiaban y le oprimían. Sentía que no era él quien controlaba el contenido de su existencia.
Lo de ir a otra ciudad lo seducía, era la opción más fácil. Pero era consciente de que tal vez le ocurriera lo mismo en esa otra ciudad, y qué decir de la ciudad de origen... Al regresar estaría todo prácticamente tan arraigado como antes. No eran tan solo sus propias raíces, se les añadía las raíces de aquel lugar. Nadie le imponía aquellos hábitos, era él quién no se sublevaba contra ellos.
La vida que llevaba empezaba a saturarle, horarios, hábitos y costumbres lo enjaulaban. Una reja invisible e imaginaria le impedía realizar un itinerario diferente al establecido. Sabía que él mismo era el que construía esas barreras y a su vez, quien poseía las herramientas para destruirlas. No obstante, no conseguía liberarse. Tampoco era tan sencillo, ya que esas costumbres no le incumbían a él solo, si no que iban ligadas a diferentes personas a las que no quería defraudar. Por un lado estaba el sentimiento de asfixia del que quería desprenderse y por otro lado, el de no causar dolor a terceros.
En realidad todo eran excusas para no afrontar cambios. A la persona que más defraudaba era a si mismo.
Deseaba trasladarse un tiempo a otra ciudad, romper hábitos fuertemente arraigados. De esos en los que no sabes exactamente porqué haces lo que haces pero finalmente lo haces, sin cabida a introspecciones que analicen los actos llevados acabo a lo largo del día. Unos cuantos días de esos no resultaban dañinos, pero cuando se convertían en norma, le angustiaban y le oprimían. Sentía que no era él quien controlaba el contenido de su existencia.
Lo de ir a otra ciudad lo seducía, era la opción más fácil. Pero era consciente de que tal vez le ocurriera lo mismo en esa otra ciudad, y qué decir de la ciudad de origen... Al regresar estaría todo prácticamente tan arraigado como antes. No eran tan solo sus propias raíces, se les añadía las raíces de aquel lugar. Nadie le imponía aquellos hábitos, era él quién no se sublevaba contra ellos.
Caída a la Tierra
Siempre había vivido en la Luna, pero desde hace un tiempo vive en las nubes, va saltando de una nube a otra, a ver cual es más confortable. No quiere tocar el suelo, piensa que si lo hace caerá sobre arenas movedizas que se encargarán de introducirlo en las profundidades o tal vez caerá en el cráter de un volcán cuya lava lo reducirá por completo.
Hasta hace no mucho, vivía en la Luna, pero tras un terremoto de alta magnitud descendió y fue a parar a una nube muy agradable que le dio cobijo una larga temporada. La nube le advierto de que ese no podía ser su lugar de residencia, ya que las nubes con las variaciones de tiempo pueden trasformarse en lluvia, granizo o nieve, por lo que no era un lugar seguro para un ser de esas características. Al final entablaron cierta amistad y la nube le informaba de como podía seguir viviendo en las nubes sin el miedo de que se desvanecieran al seguir su sino. Cuando viera que el tiempo era el propicio para que la nube variara de estado, tendría que dar un salto para alcanzar otra nube más estable. Un día de invierno, la nube que le había dado un lugar placido en el que vivir, se despidió. "Ahora tendrás que saltar y recordar las cosas que te he enseñado. Esto no es una despedida, recuerda que algún día volveré a ser nube". La nube comenzó a llorar lágrimas de lluvia.
Y así fue como empezó a saltar de nube en nube, con algún susto que otro, ya que al principio no las conocía tanto. El viento jugaba un papel fundamental a la hora de saltar. Las nubes son compañeras de viaje del viento, ya que cuanto el viento sopla más fuerte en una dirección las nubes bailan a su son. Cuando saltaba, tenía que comprobar primero hacía dónde iba el viento e ir en el mismo sentido que él, de esa forma resultaba más fácil lograr alcanzar la nube vecina.
Un día tenía que dar un salto realmente difícil, comprobó el sentido del viento, cogió carrerilla y se dispuso a saltar a la siguiente nube. No la alcanzó. De repente se vio alcanzando alta velocidad en dirección a la Tierra. No quería llegar allí, se preguntaba por qué no estarían al revés la Tierra y la Luna y así poder volver a su hogar.
Al despertar vio el cielo azul con alguna que otra nube más arriba. Volvió a cerrar los ojos, no quería mirar hacía los lados, no quería saber como era la Tierra y si había un cráter o arenas movedizas por ahí cerca. Tras un rato de reflexión se armo de valor y miró.
Todo era muy blanco, le resultaba familiar y acogedor. Se incorporo y fue a explorar ese lugar. Empezó a correr en busca de algo más que la blancura absoluta.¡Casi se cae por un precipicio! Se asomó por el extremo a ver qué había ahí abajo y comprobó que lo que se situaba a lo lejos era la Tierra. Estaba perplejo, pensaba que estaba en la Tierra, no que en su caída había aterrizado en una nube más baja. Exploró la superficie de la nube, no era ni muy grande ni muy pequeña, el problema residía en que era una nube solitaria. No se atisbaba ninguna nube más, no podría saltar de ella a otra. Solo se le ocurrió una idea, seguir viajando con la nube hasta el día en que se trasformara, quizás en ese período de tiempo alcanzarían a otra nube a la que poder saltar o caería sin más remedio a la Tierra. Ahora, quedaba más cerca que antes, la caída no sería tan dolorosa. Pero a él no le daba miedo la caída. Lo que lo aterraba era lo que podía encontrar allí abajo.
Viajaba con la nube, y sabía que no le quedaba mucho tiempo. Tampoco veía ninguna nube alrededor. Se durmió ensoñando que al despertar del siguiente día el cielo estaría repleto de nubes a las que poder saltar. Y en efecto así fue, al despertar vio un cielo con nubes muy altas, pero no exactamente como lo había soñado. Se sorprendió al ver que no había dormido sobre una nube. Esta vez sí que estaba en la Tierra, pensó que lo más probable sería que mientras la noche anterior estaba durmiendo, la nube se transformó y él cayó. Estaba empapado. La última nube en la que había estado era muy baja, por eso no se percató de cuando aterrizo en la Tierra. Para su sorpresa, no sentía el miedo atroz que antes se apoderaba de él cuando pensaba que estaría ahí. Dio una vuelta alrededor de si mismo mirando hacia el horizonte. Por ningún lado veía nada que le provocara temor.
Comenzaba una nueva etapa, esta vez, en la Tierra. Quizás no era tan mala como él la había imaginado o tal vez sí, pero le daría una oportunidad para conocerla mejor. Miro un riachuelo que se situaba a escasos metros de él. Ese riachuelo algún día formó parte de los cielos. Si la Tierra no le convencía o resultaba inhóspita, algún día volvería a viajar entre las nubes hasta alcanzar la Luna.
Viajaba con la nube, y sabía que no le quedaba mucho tiempo. Tampoco veía ninguna nube alrededor. Se durmió ensoñando que al despertar del siguiente día el cielo estaría repleto de nubes a las que poder saltar. Y en efecto así fue, al despertar vio un cielo con nubes muy altas, pero no exactamente como lo había soñado. Se sorprendió al ver que no había dormido sobre una nube. Esta vez sí que estaba en la Tierra, pensó que lo más probable sería que mientras la noche anterior estaba durmiendo, la nube se transformó y él cayó. Estaba empapado. La última nube en la que había estado era muy baja, por eso no se percató de cuando aterrizo en la Tierra. Para su sorpresa, no sentía el miedo atroz que antes se apoderaba de él cuando pensaba que estaría ahí. Dio una vuelta alrededor de si mismo mirando hacia el horizonte. Por ningún lado veía nada que le provocara temor.
Comenzaba una nueva etapa, esta vez, en la Tierra. Quizás no era tan mala como él la había imaginado o tal vez sí, pero le daría una oportunidad para conocerla mejor. Miro un riachuelo que se situaba a escasos metros de él. Ese riachuelo algún día formó parte de los cielos. Si la Tierra no le convencía o resultaba inhóspita, algún día volvería a viajar entre las nubes hasta alcanzar la Luna.
Crispación
- He notado que estás distante conmigo.¿A qué se debe tu lejanía?
- Quizás sea por que últimamente, cuando hablas, me crispas, no sé si es porque siento algo de animadversión hacia ti o porque eres algo estúpido. O quizás, una combinación de ambas.
- Quizás sea por que últimamente, cuando hablas, me crispas, no sé si es porque siento algo de animadversión hacia ti o porque eres algo estúpido. O quizás, una combinación de ambas.
lunes, 29 de diciembre de 2014
Escalas
Hay escalas para clasificar los sentimientos en función de la intensidad y la frecuencia con la que se presentan. Son escalas subjetivas, el propio individuo es el que sitúa las emociones o sentimientos en un escalón u otro.
Nadie puede situarlas por otra persona, es uno mismo quien conoce el umbral superior e inferior para intentar medirlas. Bueno, sí, externamente se puede medir, pero sería la percepción de un "otro" no de un "yo". No obstante no son escalas inmutables, ya que van cambiando en función de lo que uno vive y como lo interpreta. A veces esas escalas se alteran, pudiendo quedar anestesiadas o desbordadas.
Sentimientos como alegría, tristeza, sorpresa, miedo, amor, odio, entusiasmo, desánimo, admiración, ofuscación, dolor... van conviviendo y a veces algunas prevalecen sobre otras.
Las escalas están siempre remodelándose y en muy poco tiempo dos de las más importantes en mi vida se han visto desbordadas, la de la alegría y la del dolor. Primero fue la de la alegría, que rompió todos los esquemas previos que tenía, lloré y lloré, no podía parar,no sabía porqué lloraba, no estaba triste, al contrario, me sentía feliz y afortunada, eran lagrimas dulces, había olvidado a qué sabían si es que algún día lo supe.¡No sabía que se podía sentir tanta alegría! Al recordar ese desbordamiento se me escapa una sonrisa.
Al tiempo, unos cuantos meses después, llego el dolor, un dolor jamás sentido antes. Hubo lagrimas. y habrá más, pero no siempre las hay. Sin embargo el dolor sí que está ahí.¡No sabía que se podía sentir tanto dolor! A veces más latente y otras de forma más manifiesta. Forma ya parte de mi ADN. Lo que más duele no es el dolor en si, es la causa de ese dolor. Evito recrearme en el sufrimiento, ya suficiente hay con que dolor se encargue de aparecer cuando quiere.
Supongo que esas escalas subjetivas sufrirán modificaciones hasta el final de la vida, aunque hoy prevalezca el dolor sobre los demás sentimientos, algún día el dolor se minimice y sea un sentimiento positivo el que se instale una temporada larga. Nunca se sabe cuando se podrá sentir más dolor, alegría, miedo, amor, odio, ofuscación, admiración...
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Democracia me llama hacer el pueblo
Democracia me llama hacer el pueblo,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
somos iguales, algunos más que otros;
siempre queda algún jodido cerdo.
Yo pensé que no hallara democracia,
y el pueblo grita con vehemencia:
más democracia real, suceso inevitable,
no hay cosa en los cerditos que me espante.
Por la democracia estoy luchando,
y parece que algo esta cambiando,
pues está el pueblo despertando.
Ya estoy en el proceso, y aun sospecho;
que voy a los cerdos acorralando
contad con el coraje, y está hecho.
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
somos iguales, algunos más que otros;
siempre queda algún jodido cerdo.
Yo pensé que no hallara democracia,
y el pueblo grita con vehemencia:
más democracia real, suceso inevitable,
no hay cosa en los cerditos que me espante.
Por la democracia estoy luchando,
y parece que algo esta cambiando,
pues está el pueblo despertando.
Ya estoy en el proceso, y aun sospecho;
que voy a los cerdos acorralando
contad con el coraje, y está hecho.
martes, 9 de diciembre de 2014
Enajenación
La enajenación es vital para no perder la cordura. A día de hoy más que nunca lo es. De cualquier tipo, incluso la más simplona y burda. Enajenación a raudales sin filtros, todo lo que sea enajenación bienvenido sea.
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