martes, 30 de septiembre de 2014

Odioso amor

    Querido Amor odioso:

   Con este oxímoron coherente te comunico que echo de menos no echarte de menos. Tu presencia inexistente me exaspera, pero aún más tus apariciones fugaces que se eternizan en el recuerdo.
   No quiero recordarte cuando podría vivirte, con esto no pretendo desvirtuar los recuerdos, tan solo vivirte un poco más.

     Con asqueroso cariño,
              
                    Odioso amor

lunes, 29 de septiembre de 2014

Pesadillas

¿Dónde estoy? Me preguntaba aturdida aún.


No paraba de dar vueltas de un lado a otro intentando despertar de una pesadilla. Conseguí abrir los ojos, pero estaba todavía desubicada. A los pocos segundos creí cerciorarme de que efectivamente, acaba de despertar de un mal sueño y estaba en mi habitación. No obstante, permanecí unos cuantos minutos inmóvil en la cama, familiarizándome con mi propia habitación y comprobando que realmente ya estaba despierta.


Sí, acababa de despertar de la siesta y el sol alumbraba de forma generosa la habitación, lo que ayudaba a reconocer el mobiliario y los demás enseres. Si aún estaba soñando la reproducción de los detalles era calcada a la realidad de mi habitáculo, lo que me sugería que ya estaba despierta, ya que nunca en mis fases rem los sueños son capaces de describir con tanto detalle los escenarios. Poco a poco fui recuperando la frecuencia respiratoria y cardiaca normal.


Dos ciudades se fusionaban en una, de la misma manera que los muertos y los vivos. Todo se entremezclaba. Aparecían personajes principales y algún que otro figurante que no sabías como había podido llegar hasta allí. Resulta curioso cómo nuestros miedos se ven reflejados en nuestras pesadillas, a veces de forma más explícita que otras. Los figurantes siempre me han perturbado, personas apenas conocidas de unos vistazos que se cuelan en  tus sueños o pesadillas y te preguntas: pero... ¿tú qué haces ahí, si apenas te conozco?


Hay pesadillas antiguas y nuevas, algunas de las antiguas se marchan para no volver, pero no siempre ocurre de esa manera. Algunas perduran más de lo que nos gustaría, como si se hubieran alojado en nuestro ADN y formaran parte ya de nuestro ser.

Esta última pesadilla era una mezcla de todo; personas muertas que cobran vida y personas vivas que mueren, varios escenarios, figurantes, miedos antiguos y nuevos...


Sentí alegría cuando vi a personas que habían expirado ya, aunque primero fue perplejidad, ¡estaban vivas y me iba de paseo con ellas! Estuve un rato andando por lo que parecía ser un sendero bastante transitado, y al final acabe diciéndoles: "Os he echado de menos", "Os quiero". Lloré de alegría.


De la alegría me trasladé al horror. Me llamaron por teléfono diciéndome que alguien vivo al que quería estaba muerto. El pánico se apoderó de la situación. Volaba en el sueño hacia el cuerpo, lo miraba y lo tocaba, estaba pálido y frío. "¡No! ¡No! ¡No! ¡No!, ¡No, por favor! ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡". Gritaba a la vez que sollozaba. Lo volví a tocar, mis pupilas estaban fijas en las suyas, su cara no reflejaba ninguna expresión. Tenía los labios azulados. Intentaba que despertara con zarandeos. Y gritaba, gritaba mucho. Esto no podía ser real. "¡ No¡ ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡ esto no puede estar ocurriendo, no por favor! ¡Tiene que ser una pesadilla¡ ¡Tiene que ser una pesadilla !¡ Esto no puede ser real, por favor!" y como si fuera un conjuro para despertar, cada vez lo gritaba con más fuerza hasta que por fin conseguí despertar de ese horror. 


Los sueños y pesadillas son curiosos, me alegré cuando vi a los muertos con vida, y me hundí en la miseria cuando los vivos morían. Quizás soñé todo aquello por que echaba de menos a los que ya no están, y por miedo de que los que están no estén.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Felicidad

Y de repente la felicidad vino sin buscarla. No era desagradable, al contrario, resultaba plácida y lo embriagaba todo, cualquier ámbito de la vida lo transformaba. Los colores, olores, sabores, texturas, sonidos adquirían una intensidad inimaginable hasta ese momento. 

Ya no formulaba preguntas sin respuestas ¿por qué? ¿para qué? ¿qué fue antes, la gallina o el huevo? Esas preguntas empezaron a permanecer en una segunda línea, ya no era necesario intentar hallar una respuesta coherente a todo lo que le rodeaba.

Sí, prácticamente de un día para otro, sin ser consciente de ello, se convirtió en una persona entre comillas normal. No sentía la necesidad de analizar todo lo que le rodeaba de forma enfermiza, aprendió sin prácticamente esfuerzo a disfrutar. La anhedonia quedó en el pasado casi en un abrir y cerrar de ojos.

Disfrutaba de las pequeñas cosas, simplemente, dejándose llevar. No estaba mal, para qué engañarse, vivía en el presente, disfrutando de las cosas buenas lo máximo posible, casi exprimiéndolas, y los sucesos no tan favorables los afrontaba teniendo presente el siguiente axioma; que el presente más rápido de lo que parece se convierte en parte del pasado.

Para ser sinceros, la felicidad era un ritmo de vida que podía llevarse a cabo sin demasiada dificultad teniendo las necesidades básicas de la pirámide de Maslow cubiertas... pero él no había nacido para ser feliz.

martes, 23 de septiembre de 2014

Otoño

Comenzaba el otoño oficialmente, un día grisáceo amaneció para que quedara constancia de que así era. A media tarde, por el sur el cielo estaba negro y por el norte grisáceo, con alguna pequeña aparición del sol momentánea. Tan solo se escuchaba el tráfico y de repente la lluvia comenzó a bañarlo todo con bastante estruendo. Pasó de no caer una gota a prácticamente diluviar. Al cabo de media hora apenas caían pequeñas gotas y las goteras de los tejados. Ese momento era idóneo para pasear.

Salí a la calle, noté la brisa fresca como se deslizaba entremezclada con gotas que todavía caían. Era de agradecer la espontaneidad de las mismas, esas pequeñas gotas inconstantes e impredecibles que refrescaban aún más al mojar levemente la piel y la ropa. Sí, eran de agradecer, exceptuando el goterón que cayó en mi ojo que hizo que diera un brinco y me cegara durante unos segundos.

El olor a lluvia me embriagaba, me hacía sentir vivo. Continué andando, el asfalto estaba bastante mojado. Con las prisas de salir tras la lluvia, cual caracol, se me olvidó que los neumáticos que llevaba, también llamados zapatillas, no eran apropiados para la lluvia, en seco iban de lujo, pero con las aceras mojadas la probabilidad de que cayera al suelo era bastante alta. Sin embargo estaba dispuesto a asumir el riesgo de alguna que otra caída. De hecho, en tres ocasiones fui consciente de que mis pies se deslizaban velozmente sin mi consentimiento y en la última de ellas, perdí el control de la posición erguida y en un intento de recuperar el equilibrio solté una onomatopeya audible pero ininteligible de la que algún que otro transeúnte se percató y emitió una pequeña carcajada, breve, pero audible.

Al final no caí, la onomatopeya emitida desde las profundidades fue vital para recuperar el equilibrio, pero si hubiera caído no sería ni la primera ni la última persona a la que le ocurriría tal desgracia. Son cosas que pasan. Después de ver peligrar mi integridad física aminoré la velocidad, no me apetecía demasiado llegar a casa lesionado.

El otoño había llegado, se podía sentir cómo un suave y cálido frío se adentraba en todos los espacios invitando a la gente a empezar a abrigarse. El sol ya no se dejaría ver tanto. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Despedida

Otra vez allí estaba con la maleta a punto de introducirla en el maletero del autobús, fue de los primeros en hacerlo y aún quedaban por lo menos diez personas, así que existía tiempo para una breve despedida, que fueron dos besos y un intento de abrazo breve.

Las puertas del autobús se cerraron cuando se disponía a sentarse en el lugar que le había sido asignado al comprar el billete, plaza 26, ventanilla. Al mirar hacia fuera sus ojos fueron en busca de las personas de las que se acababa de despedir, no sabía si seguirían allí o si por el contrario se habrían marchado ya, una vez confirmado el contacto visual levantó la mano y la movió sin mucho entusiasmo, con un gesto triste intentó esbozar una efímera sonrisa que desapareció rápidamente. Siguió con la mano levantada hasta perderlos de vista mientras el conductor abandonaba la estación para proseguir con el viaje. Le embriagaba un sentimiento agridulce, mezcla de tristeza y alegría, de relajación y excitación, de calma y ansiedad, bienestar y malestar...

Comenzaba el viaje hacia otro lugar, un viaje físico y mental, el conductor era el responsable de que su escuálido cuerpo viajara de forma física y las famosas musarañas se encargaban del viaje mental.

La ciudad ya quedaba atrás, por la ventana acababa de ver la indicación de desvío a la autovía. El autobús aceleró para incorporarse a la nueva vía, al igual que él, ambos empezaron a acelerar.Se preguntaba por qué echaba de menos a esas personas de las que se había despedido hacia escasos cinco minutos, y por qué no era capaz de mostrar un poco más de cariño o por lo menos poder dedicarles unas cuantas palabras bonitas. En realidad sabía perfectamente que ese nunca fue su fuerte. El contacto con otros y la demostración de afecto le oprimían el tórax.

Nacio una pequeña lagrima en cada ojo, una de ellas no avanzó mucho y la otra antes de que le recorriera la mitad de la cara desapareció con un movimiento rápido de manos para frotarse los ojos mientras bostezaba para disimular. Les echaría de menos.