lunes, 29 de septiembre de 2014

Pesadillas

¿Dónde estoy? Me preguntaba aturdida aún.


No paraba de dar vueltas de un lado a otro intentando despertar de una pesadilla. Conseguí abrir los ojos, pero estaba todavía desubicada. A los pocos segundos creí cerciorarme de que efectivamente, acaba de despertar de un mal sueño y estaba en mi habitación. No obstante, permanecí unos cuantos minutos inmóvil en la cama, familiarizándome con mi propia habitación y comprobando que realmente ya estaba despierta.


Sí, acababa de despertar de la siesta y el sol alumbraba de forma generosa la habitación, lo que ayudaba a reconocer el mobiliario y los demás enseres. Si aún estaba soñando la reproducción de los detalles era calcada a la realidad de mi habitáculo, lo que me sugería que ya estaba despierta, ya que nunca en mis fases rem los sueños son capaces de describir con tanto detalle los escenarios. Poco a poco fui recuperando la frecuencia respiratoria y cardiaca normal.


Dos ciudades se fusionaban en una, de la misma manera que los muertos y los vivos. Todo se entremezclaba. Aparecían personajes principales y algún que otro figurante que no sabías como había podido llegar hasta allí. Resulta curioso cómo nuestros miedos se ven reflejados en nuestras pesadillas, a veces de forma más explícita que otras. Los figurantes siempre me han perturbado, personas apenas conocidas de unos vistazos que se cuelan en  tus sueños o pesadillas y te preguntas: pero... ¿tú qué haces ahí, si apenas te conozco?


Hay pesadillas antiguas y nuevas, algunas de las antiguas se marchan para no volver, pero no siempre ocurre de esa manera. Algunas perduran más de lo que nos gustaría, como si se hubieran alojado en nuestro ADN y formaran parte ya de nuestro ser.

Esta última pesadilla era una mezcla de todo; personas muertas que cobran vida y personas vivas que mueren, varios escenarios, figurantes, miedos antiguos y nuevos...


Sentí alegría cuando vi a personas que habían expirado ya, aunque primero fue perplejidad, ¡estaban vivas y me iba de paseo con ellas! Estuve un rato andando por lo que parecía ser un sendero bastante transitado, y al final acabe diciéndoles: "Os he echado de menos", "Os quiero". Lloré de alegría.


De la alegría me trasladé al horror. Me llamaron por teléfono diciéndome que alguien vivo al que quería estaba muerto. El pánico se apoderó de la situación. Volaba en el sueño hacia el cuerpo, lo miraba y lo tocaba, estaba pálido y frío. "¡No! ¡No! ¡No! ¡No!, ¡No, por favor! ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡". Gritaba a la vez que sollozaba. Lo volví a tocar, mis pupilas estaban fijas en las suyas, su cara no reflejaba ninguna expresión. Tenía los labios azulados. Intentaba que despertara con zarandeos. Y gritaba, gritaba mucho. Esto no podía ser real. "¡ No¡ ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡ ¡No¡ esto no puede estar ocurriendo, no por favor! ¡Tiene que ser una pesadilla¡ ¡Tiene que ser una pesadilla !¡ Esto no puede ser real, por favor!" y como si fuera un conjuro para despertar, cada vez lo gritaba con más fuerza hasta que por fin conseguí despertar de ese horror. 


Los sueños y pesadillas son curiosos, me alegré cuando vi a los muertos con vida, y me hundí en la miseria cuando los vivos morían. Quizás soñé todo aquello por que echaba de menos a los que ya no están, y por miedo de que los que están no estén.

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