viernes, 10 de noviembre de 2017

Soliloquio de ultatumba

Observo detenidamente tu lápida. Permanece impoluta e íntegra... ningún indicio de que hayas decido salir de ahí para dar una vuelta. Aquí me hallo, como un ser estúpido esperando algo imposible. Con la esperanza, tal vez, de acudir un día al cementerio y descubrir que tu nombre no está escrito en ese cruel mármol, que todo fue tan solo una mala pesadilla. ¡Y salir a buscarte! En el mejor tiempo de todos los tiempos. Aquel en el que respiras con brío. 

Nunca fueron de mi agrado los días señalados en el calendario. ¡Como si ellos marcaran los biorritmos! Todos los días son días de todo. El calendario marca hoy dos de noviembre, curioso día, que según donde hubieras nacido sería el Día de los Muertos, el Día de los Fieles Difuntos, o simplemente nada. 

Si yacieras en México, estoy segura de que Enrique te obsequiaría con cacahuetes y fajitas, esas de las que presumías saber hacer tan bien una vez él te enseñó su receta. Si yacieras en Marruecos, Sadia, Yousef y Hasna te visitarían el viernes y luego comerían un buen plato de cuscús. Pero yaces aquí, en España, donde la gente, vestida de domingo, lleva flores y velas. 

No soy de traerte nada, ya lo sabes, ni de venir a hacerte visitas. Soy más de hablarte en cualquier lugar y momento inesperado, cuando tu recuerdo acude tanto en dicha como en desdicha.
Tu silencio me asfixia. Tu inexistencia me mata. Es por ello que a veces decido olvidar que ya no estás con vida. En ocasiones desearía ser lo que tú eres ahora, meramente para estar cerca de ti, acompañándote. La nada tiene pinta de ser un lugar demasiado vacuo. Cuestiono ahora nuestro ateísmo, quizás la reencarnación o el cielo fueran lugares y estados más paradisíacos para la eternidad. ¡Como si ilusamente el creer en algo fuera a servir para alojarse en un sitio u otro! 

¿Tú qué crees? No sé ni para qué te pregunto si llevas un montón de tiempo sin decir ni mu. ¡Malasombra! Así te llamaba la abuela Carmen, ¿recuerdas?

¡Qué absurdo que estés metido ahí para siempre! Mírate. Tu rostro grabado en la lápida del nicho. ¡Tan joven y sonriente! Esperpéntico es que nunca vayas a envejecer y que tus sueños permanezcan expoliados dentro de ese ataúd. Arcadas incesantes de pretéritos inalcanzables. Mentiría si dijera que no despierto cada mañana pensando en ti, redescubriendo día tras día la irreversibilidad de tu ausencia.

Al entrar al cementerio he coincidido con el sepulturero que justo acababa de abrirlo. Hemos estado hablando del encalado de los árboles, de la futura ampliación, ya sabes, las no intermitencias de la muerte, y del día soleado que hace hoy. Los jilgueros revolotean entretenidos en este día apacible.

Resulta perturbador que en mis pesadillas mueras. ¡Como si no hubieras muerto ya! Despierto sin saber si maldecir la pesadilla o maldecir la realidad. Maldigo tu inexistencia. Lucho contra este dolor perenne que todo acibara. Otras veces me pregunto qué tal te va por aquí, allí o donde sea que estés y si te falta algo, si tienes consciencia de que estás muerto o si existe una realidad paralela donde aún respiras. No soporto situarte en la nada. 

No todo son pesadillas. Anteayer dormí en el sofá. Al despertar me dijeron que mientras dormía había comenzado a sonreír hasta llegar a reírme, que qué bien lo pasaba en sueños, que a saber qué estaba soñando. Lo que no saben es que estaba soñando contigo. Te veía, nos abrazábamos y nos reíamos juntos de este broma macabra.
#DíadelosMuertos

No hay comentarios:

Publicar un comentario