El silencio era perturbado por el sonido incesante de ese rectángulo delgado. Objeto demoníaco de la historia contemporánea. Ningún ciudadano se escapaba a su poder hipnotizante, creyendo que los pensamientos ajenos. Eso sí, votar elegir qué sintonía hipnotizante preferían escuchar de todo el repertorio permitido. A eso lo llamaban libertad. Ver la realidad a través de un objeto estático y emitir juicios en posición horizontal para interactuar con el mundo.
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