“En un país cada vez más
cínico, las buenas historias, las bonitas, son cada vez más raras, pero no es
que no existan, hay millones, tantas como hay colombianos, lo que pasa es que
hay que buscarlas debajo de una densa capa de desesperanza que le ha crecido a
esta patria, que nos ha hecho olvidar quiénes somos, como en esos cuentos de
hadas, en donde un antiguo reino cae en desgracia hechizado por alguna
maldición inexplicable como si se nos hubieran muerto las princesas y hubieran
matado a los príncipes, como si nos hubieran secuestrado los sueños y nos
hubieran minado las almas. Pero debajo de ese letargo y de tantas cicatrices
todavía estamos ahí. Como bellas y hermosas durmientes, esperando que un beso
de vida nos despierte, que nos recuerde lo buenos y encantadores y reales y
mágicos que podemos ser. Bienvenidos a la tierra de los sueños. Quién no soñó
alguna vez con ser un valiente caballero o un príncipe guerrero o una cándida
hechicera o un hada voladora o con tierras embrujadas y románticos deslices o
épicas batallas o gestas imposibles. ¿No son todos los sueños muy parecidos?
¿No anhelamos casi todos lo mismo desde siempre, desde el principio de los
tiempos? Es por eso que contamos historias, lo hacemos desde que bailábamos a
la luz del fuego y bajo las estrellas, lo hacemos ahora a través de nuestros
televisores y en el cine, lo hacemos desde que inventamos la escritura, desde
que se hizo el teatro y se creó el circo. Y si en alguna parte del mundo hay un
espectáculo que reúne la magia de lo antiguo con el poder de lo moderno, el
hechizo de la imaginación y el embrujo de la tecnología, y si es en vivo y en
directo, es aquí, en el espectáculo más hermoso de la tierra.”
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