Una música estridente empezó a sonar de fondo. El intercambio de babas de los dos enamorados cesó inmediatamente al percibir ese sonido que parecía proceder del inframundo. Ella, escuálida y asustadiza, y él, de huesos grandes, pero también asustadizo, se sumergieron en un gran abrazo.
- No sucede nada, amor.- Susurró al oído de su amada- No hay que tener miedo, aquí estoy yo para defenderte.- tanto su voz como sus palabras no denotaban el pánico que le consumía.
- Gracias amor, lo sé. Eres mi gran protector. ¡Pero no cesa! Cada vez suena más fuerte y cercano.
- Te ha asustado un poco, pero no hay nada que temer. Es más, ha despertado la curiosidad de saber de dónde procede.
- Te comenté que este parque estaba demasiado a las afueras, no me inspira confianza y es demasiado oscuro. Seguro que anda algún loco suelto por aquí con la intención de asustar
.
- No podrás negar que el lugar resulta atemporal y cautivador.
-¿Suena como a cristales que se rompen más algo metálico?
Crag- Crag- Borp- Clanc- Stup- Crash.-CRag,-CRag-BOrp-CLanC-STUP- CRASH
El conjunto de sonidos comenzaba a sonar con más fuerza y a repetirse con más frecuencia. No se podría afirmar de forma clara cuando se había construido aquel parque, lo que sí se podía afirmar de forma tajante era la gran belleza que poseía; su disposición alargada daba la sensación de adentrarse para siempre en él ya que no se vislumbraba el final del mismo, ni incluso a escasos diez metros, debido a la frondosidad de los árboles que se situaban en los extremos y concurrían de forma paralela, fusionándose en el centro e imposibilitando casi por completo la entrada de luz al interior. La puerta de entrada y la verja, de color negro que delimitaban el parque, eran de hierro con múltiples adornos forjados: lanzas, macollas, remates, rosetas... En la puerta principal se podía leer "El parque de los enamorados" dibujado con letras góticas que dificultaban su lectura.
- Cariño, no hay nada de que asustarse, tal vez sean niños haciendo el gamberro- dijo el caballero elevando el tono de voz para que su amada lo oyera bien. El sonido era ya estruendoso.
- No lo soporto, vayámonos de aquí ya. ¿Qué es eso?- La voz dulce y angelical se trasformó de inmediato en una voz temblorosa para acabar en un grito ahogado.
De donde no se podía ver nada, brotó de repente la figura de lo que parecía ser un hombre sujetando algo en el hombro. En cuestión de unos segundos la figura se plantó delante del banco de piedra en el que estaban sentados. Con los ojos apunto de salir de sus cuencas orbitarias y petrificados observaban a un hombre de unos treinta años, larguirucho, vestido con un esmoquin negro roído por todas partes, botas negras, junto a unos calcetines a rayas amarillas horizontales que le llegaban a la altura de la rodilla. Llevaba un harapo morado anudado a modo de correa. Su cara era blanca, en su cuello llevaba una correa de perro, sonrió levemente pudiéndose observar sus dientes anárquicos de un color cetrino. Lo que sujetaba en el hombro a esa distancia se veía claramente, un equipo de sonido de dónde procedía aquel sonido tan desgarrador que llevaban rato escuchando.
CRAG-CRAG-BORP-CLANC-STUP-CRASH. Silencio.
- Siento el retraso.
-¿No pronunciáis ni un mísero hola? ¿Seríais tan amables de presentaros?- Su mirada se dirigía de los ojos de ella a los de él frenéticamente.
- ¿Quién eres tú, de dónde sales y que haces aquí? Con tu falta de modales y presencia nauseabunda has asustado a mi novia. Pide disculpas de inmediato.- Logró armase de valor para replicar.
- Me temo que no sois conscientes ni de dónde estáis, ni de cómo va a acabar esto.- El misterioso hombre dejó ver de nuevo su sonrisa.
-Váyase de inmediato o llamaré a la policía para que lo encierren.
-Puede intentarlo si así lo desea. No es necesario que me digan sus nombres, no es un dato necesario para llevar a cabo mi cometido, tan solo era mezcla de mera curiosidad y una nimiedad de pregunta para romper el hielo.- Se agachó para dejar el equipo de música en el suelo y acto seguido se desperezó emitiendo un sonoro ruido.-¿Sabéis eso de que una persona que trabaja pero que realmente disfruta con lo que está haciendo, en realidad no lo puede considerar trabajo? Eso mismo me sucede a mí, así que no puedo decir que he venido a trabajar ya que a lo que he venido es a disfrutar. Lo saboreo de principio a fin. Eso sí, me encanta amenizar la velada con música, para esta ocasión he decido comenzar con "Requien" de Eyaculación Post Mortem. Disfrutad. Vais a morir.
Permanecían paralizados y poseídos por el pánico. Ella pronunció de forma histérica a su acompañante que hiciera algo, él, movido por perseverar su hombría y valentía se puso en posición erguida, situándose delante de ella.
El misterioso hombre surgido de la oscuridad parsimoniosamente apretó el botón del equipo de música y les deleito con la sonrisa más amplia hasta ese momento, pudiendo observar que la parte inferior de su dentadura estaba desprovista de dientes, tan solo se veía un encía sangrante. Una nueva música estridente comenzó a sonar.
"YA ESTOY HARTO DE VIVIR, TAN SOLO DE DORMIR, TAN SOLO DE BAILAR, TAN SOLO DE SENTIR, TAN SOLO CUANDO NO ESTOY SOLO, Y DE ODIARTE SOLO POR DEJARME, SOLO ME ESCOCÍ LOS HUEVOS, PORQUE YA ESTOY HARTO DE SALIR DE CASA DE VOLVER BORRACHO, DE QUE NO ME ENTIENDAN PORQUE NO HAGO CASO, DE SER MALO, PADRE, PORQUE HE PECADO..."
Introdujo la mano derecha en el bolsillo del esmoquin. sacando un utensilio son diversos objetos metálicos que brillaban
-¡Pop!
-¡Aghgggggggh!- El joven amante cayó con una rodilla al suelo. Miró su pierna, empezaba a brotar sangre alrededor de los ocho tornillos que tenía clavados en el cuádriceps, se incorporó valiéndose del brazo de ella- ¡Corre! -espetó a la chica mientras terminaba de ponerse erguido. Ella estaba en un estado de shock que le impedía articular movimiento o palabra. El joven la zarandeo y empezó a correr cojeando hacia la salida del parque. Ella petrificada miró al hombre del esmoquin que se situada enfrente, luego a su amado que corría hacia la derecha. Comenzó a articular movimientos erráticos hasta que por fin pudo medio sincronizar los pensamientos y las acciones, iniciando su huida detrás de su precursor.
-¿Pero dónde vais? Jajajajajaj. Sois tan graciosos.
Los jóvenes corrían despavoridos a través del parque alargado. Ella dejó de ver a su amado, sin saber si era porque había escapado de su campo visual o que las lágrimas que inundaban sus ojos le impedían verlo. Se limpió los ojos con las manos mientras permanecía corriendo, acto que la condujo a una estrepitosa caída contra el suelo. El hombre del esmoquin se situaba detrás de ella, pausado y disfrutando del espectáculo de huida.
-¿Dónde creéis que vais? ¿Acaso pensáis que podéis salir de aquí?- Gritó con una voz burlesca. Recargó su arma y se dirigió hacia la chica que aún estaba tirada en el suelo.
-¡Por favor! ¡No me haga nada! ¡Se lo suplico, le daré todo lo que pida!- Parloteó al notar la presencia de aquel hombre justo a su lado-¡Aghgggggggh!- Le acababa de disparar en la espalda una dosis de púas afiladas y largas. Entre ruidos de dolor y sollozo pronunció el nombre de su amado como si fuera posible el hecho de que llegará a él y pudiera retroceder para salvarla. Esa súplica le resultó especialmente hilarante.
-No te preocupes, pronto estaréis juntos. Procura no irte muy lejos, no quiero perder más tiempo en nimiedades, me apetece pasar ya al plato fuerte.
Comenzó su marcha pausada hacia donde había corrido el muchacho. Entre las hojas, arenillas y piedras del suelo se veían pequeñas gotas de la sangre del otro sujeto.
Cuando tan solo le quedaban escasos metros para llegar al umbral de la puerta de la salida del parque, algo punzante le atravesó el glúteo, siendo el precipitante necesario y suficiente para que impactara enérgicamente contra el suelo. La puerta del parque permanecía abierta de par en par. Su rostro se situaba a diez centímetros del umbral. En decúbito supino, levantó el cuello para observar a cuanto se había quedado de la salvación. La luz en ese punto era mucho más clara, como si nunca hubiera existido la oscuridad. Había gente pasando a escasa distancia; niños paseando con su bicicletas, abuelos con sus nietos, gente ajetreada que pasaba rapidísimo, incluso un muchacho repartiendo publicidad de a saber que situado en la esquina. Dejó de sollozar para llenarse bien los pulmones de aire para gritar.
-¡Socorro! ¡Socorro! ¡Ayúdenme! ¡Socorro!- Gritó durante un minuto con todas sus fuerzas hasta quedar exhausto. No podía gritar más ni seguir observando a la gente que permanecía impertérrita a su lado. De repente, algo lo arrastró hacia la oscuridad, la zona iluminada donde se encontraba, quedo vacía.
Arrastrado era, por el joven de la sonrisa cetrina, al interior del parque. En ningún momento puso resistencia. Se dirigían, uno pasivamente y otro activamente, al lugar de dónde procedía la música. La chica se encontraba en el mismo sitio donde estaba anteriormente. Dejó de arrástrarlo a esa altura, de forma que sus rostros se pudieran encontrar.
-¿Qué decís?- Tuvo que apagar la música con gesto contrariado para poder comunicarse con ellos.
-¿Por..? ¿Porqué nos haces esto?- vocalizó para volver a introducirse en un llanto desesperado.
-Placer, querida. Y justicia.
-¿Cómo es posible que la gente quedará impasible ante mis gritos de auxilio?
- ¿Sabéis dónde estamos? Querido y querida, nada más ni nada menos que en el parque de los enamorados.- Declamó de forma teatral y con pleitesía.
-¡Ayúdanos! Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, haga..- La plegaría fue interrumpida por la risa maléfica del señor del esmoquin.
- Estáis fatal de la cabeza, aquí dios no existe. ¿Acaso en vuestro mundo sí?
De fondo se escuchan hojas quebrarse, informando de la llegada de otra persona.
-¡Socorro!¡Socorro!- Empezaron a gritar ambos, con la esperanza de que fuera algún salvador, una señal de que Dios había escuchado sus plegarías.
-¿Traes el material? Te estaba esperando, los preliminares te los has perdido.
-Todo lo necesario ya está aquí. Sabes que me gusta empezar por lo fuerte.- Una chica destartalada, con similares pintas al chico del esmoquin, vestimentas negras y deterioradas, se plantó delante de él, ladeando la cabeza, sacó su lengua bífida para lamerme la sangre de las encías.
La música comenzó a sonar.
Abrió el maletín que llevaba consigo, no era demasiado grande pero contenía en su interior suficiente material para estar entretenidos un buen rato. Se movían de forma grácil al ritmo de los acordes, ritmo que les servía de guía para ir clavando agujas y clavos por todo el cuerpo de esos visitantes. Los gritos eran incesantes.
-Cuanto más parpadeéis más os dolerán las agujas que tenéis en las pupilas. Os recomiendo que abráis bien los ojos. Mirad bien esto.
-¡Por favor! ¡Parad! ¡Aghgggggggh!¡Aghgggggggh!¡Aghgggggggh!- Una sudoración profusa mezclada con la sangre le daba un aspecto aterrador.
-No, no, no.¡Aghgggggggh!¡Aghgggggggh!¡Aghgggggggh!
Las navajas eran el utensilio que utilizaban ahora.
- ¿Qué te parece la secuencia labios, orejas, dedos, pezones?- Preguntó el hombre del esmoquin a la chica de lengua bífida.
- Genial, el trozo de nariz ni lo contamos, que solo ha sido un cachito de nada. Luego pasamos a los órganos internos. ¡Me quedo con los bazos, ya lo sabes!
Durante unas horas se entretuvieron desmenuzando poco a poco el cuerpo de los visitantes, a mitad del proceso uno de ellos dejó de respirar, la otra aguantó un poquito más.
- ¿Ahora qué? Quiero más diversión. ¿Damos una vuelta a ver si hay alguien más?
Pasearon un rato, él llevaba el equipo de música, ella la maleta. Al nada visualizaron a una pareja ensimismada sentada en un banco. Se acercaron de forma sigilosa, debido a la oscuridad, la pareja ni se percato de la presencia de esos individuos.
-Sin ti no sabría que hacer en este mundo, mi vida. Te amo.
-Yo también te amo, quiero vivir solo por y para ti. ¡Ahh!- Gritó la chica al ver que dos seres extraños salían de la nada para plantarse delante de ellos.
-¡Qué demonios! Váyanse inmediatamente. ¡Qué falta de educación!- Ella le dio un codazo a él para que observara la sangre de las vestimentas de esos individuos.- ¡Vámonos!
-Me temo que eso es imposible, queridos visitantes del parque de los enamorados.- Ambos sonrieron dejando ver sus sonrisas terroríficamente cautivadoras.
-¿Quiénes sois? ¡Esperpentos de la naturaleza!
- Somos los asesinos de las promesas de amor baratas, somos la parca de lo ruin. Habéis cometido un crimen con vuestro falso amor romántico. ¿Quiénes somos? La justicia poética.
La música comenzó a sonar.
Cuenta la leyenda que al parque de los enamorados tan solo pueden entrar aquellos cuyo amor no es puro, aquel que tan solo se sustenta en falsas creencias, estereotipos, zalamería barata, aquellos que utilizan la palabra "amor" en vano.
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