La mente se dispersaba a una velocidad frenética, todo ello sin necesidad del extracto graso. Se podría decir que él en si era el extracto, o tal vez el biocatalizador. El pragmatismo quedaba relegado a una palabra solo existente en el espectro de la imaginación, siendo las divagaciones el máximo axioma de su existencia. Viajaba continuamente de unos universos a otros mediante el medio de transporte básico del hipertexto. Apenas leía un par de libros o tres de un autor cuando ya se teletransportaba a otra referencia, si es que al caso no ocurría en mucha más brevedad, con apenas unas páginas leídas. Paradojas de esta vida, como la obra de "Los paraísos artificiales" a su vez formaba parte de los paraísos artificiales.
¡Menudo chute! Y aún quedaban "Las flores del mal"y "El vino y el hachís"
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