Hasta hace no mucho, vivía en la Luna, pero tras un terremoto de alta magnitud descendió y fue a parar a una nube muy agradable que le dio cobijo una larga temporada. La nube le advierto de que ese no podía ser su lugar de residencia, ya que las nubes con las variaciones de tiempo pueden trasformarse en lluvia, granizo o nieve, por lo que no era un lugar seguro para un ser de esas características. Al final entablaron cierta amistad y la nube le informaba de como podía seguir viviendo en las nubes sin el miedo de que se desvanecieran al seguir su sino. Cuando viera que el tiempo era el propicio para que la nube variara de estado, tendría que dar un salto para alcanzar otra nube más estable. Un día de invierno, la nube que le había dado un lugar placido en el que vivir, se despidió. "Ahora tendrás que saltar y recordar las cosas que te he enseñado. Esto no es una despedida, recuerda que algún día volveré a ser nube". La nube comenzó a llorar lágrimas de lluvia.
Y así fue como empezó a saltar de nube en nube, con algún susto que otro, ya que al principio no las conocía tanto. El viento jugaba un papel fundamental a la hora de saltar. Las nubes son compañeras de viaje del viento, ya que cuanto el viento sopla más fuerte en una dirección las nubes bailan a su son. Cuando saltaba, tenía que comprobar primero hacía dónde iba el viento e ir en el mismo sentido que él, de esa forma resultaba más fácil lograr alcanzar la nube vecina.
Un día tenía que dar un salto realmente difícil, comprobó el sentido del viento, cogió carrerilla y se dispuso a saltar a la siguiente nube. No la alcanzó. De repente se vio alcanzando alta velocidad en dirección a la Tierra. No quería llegar allí, se preguntaba por qué no estarían al revés la Tierra y la Luna y así poder volver a su hogar.
Al despertar vio el cielo azul con alguna que otra nube más arriba. Volvió a cerrar los ojos, no quería mirar hacía los lados, no quería saber como era la Tierra y si había un cráter o arenas movedizas por ahí cerca. Tras un rato de reflexión se armo de valor y miró.
Todo era muy blanco, le resultaba familiar y acogedor. Se incorporo y fue a explorar ese lugar. Empezó a correr en busca de algo más que la blancura absoluta.¡Casi se cae por un precipicio! Se asomó por el extremo a ver qué había ahí abajo y comprobó que lo que se situaba a lo lejos era la Tierra. Estaba perplejo, pensaba que estaba en la Tierra, no que en su caída había aterrizado en una nube más baja. Exploró la superficie de la nube, no era ni muy grande ni muy pequeña, el problema residía en que era una nube solitaria. No se atisbaba ninguna nube más, no podría saltar de ella a otra. Solo se le ocurrió una idea, seguir viajando con la nube hasta el día en que se trasformara, quizás en ese período de tiempo alcanzarían a otra nube a la que poder saltar o caería sin más remedio a la Tierra. Ahora, quedaba más cerca que antes, la caída no sería tan dolorosa. Pero a él no le daba miedo la caída. Lo que lo aterraba era lo que podía encontrar allí abajo.
Viajaba con la nube, y sabía que no le quedaba mucho tiempo. Tampoco veía ninguna nube alrededor. Se durmió ensoñando que al despertar del siguiente día el cielo estaría repleto de nubes a las que poder saltar. Y en efecto así fue, al despertar vio un cielo con nubes muy altas, pero no exactamente como lo había soñado. Se sorprendió al ver que no había dormido sobre una nube. Esta vez sí que estaba en la Tierra, pensó que lo más probable sería que mientras la noche anterior estaba durmiendo, la nube se transformó y él cayó. Estaba empapado. La última nube en la que había estado era muy baja, por eso no se percató de cuando aterrizo en la Tierra. Para su sorpresa, no sentía el miedo atroz que antes se apoderaba de él cuando pensaba que estaría ahí. Dio una vuelta alrededor de si mismo mirando hacia el horizonte. Por ningún lado veía nada que le provocara temor.
Comenzaba una nueva etapa, esta vez, en la Tierra. Quizás no era tan mala como él la había imaginado o tal vez sí, pero le daría una oportunidad para conocerla mejor. Miro un riachuelo que se situaba a escasos metros de él. Ese riachuelo algún día formó parte de los cielos. Si la Tierra no le convencía o resultaba inhóspita, algún día volvería a viajar entre las nubes hasta alcanzar la Luna.
Viajaba con la nube, y sabía que no le quedaba mucho tiempo. Tampoco veía ninguna nube alrededor. Se durmió ensoñando que al despertar del siguiente día el cielo estaría repleto de nubes a las que poder saltar. Y en efecto así fue, al despertar vio un cielo con nubes muy altas, pero no exactamente como lo había soñado. Se sorprendió al ver que no había dormido sobre una nube. Esta vez sí que estaba en la Tierra, pensó que lo más probable sería que mientras la noche anterior estaba durmiendo, la nube se transformó y él cayó. Estaba empapado. La última nube en la que había estado era muy baja, por eso no se percató de cuando aterrizo en la Tierra. Para su sorpresa, no sentía el miedo atroz que antes se apoderaba de él cuando pensaba que estaría ahí. Dio una vuelta alrededor de si mismo mirando hacia el horizonte. Por ningún lado veía nada que le provocara temor.
Comenzaba una nueva etapa, esta vez, en la Tierra. Quizás no era tan mala como él la había imaginado o tal vez sí, pero le daría una oportunidad para conocerla mejor. Miro un riachuelo que se situaba a escasos metros de él. Ese riachuelo algún día formó parte de los cielos. Si la Tierra no le convencía o resultaba inhóspita, algún día volvería a viajar entre las nubes hasta alcanzar la Luna.
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