El mundo de las palabras. Ese laberinto sin fin en el que vivimos, que creemos dominar pero que realmente es él el que nos domina. De lo que uno realmente quiere decir, a lo que dice, y luego como es interpretado por los diferentes receptores. Por no hablar de lo que uno dice pero desconoce la motivación inherente. Relación amor odio con las palabras, y su carácter voluble. ¿Pero acaso el hombre no es también voluble, cómo no lo iban a ser las palabras?
El concepto de palabras volubles va más allá de la ligera profanación hacia lo que pueda dictaminar la RAE. Es la modificación que sufren sin descanso con el modelado de la experiencia de vivir, como van adquiriendo matices nuevos o perdiendo los obsoletos.
Por un lado esta el lenguaje verbal y por otro el no verbal. ¿Dónde está el diccionario de ese último? ¿Cómo medimos el grado de enarcado de cejas y la profundidad de una sonrisa para relacionarlo con su intensidad?
El laberinto de lo que uno expresa o pronuncia; a lo que siente, lo que quiere trasmitir y como se interpreta.
De las palabras y los gestos que se exteriorizan, no son todos los que están, ni están todos los que son.
Hablamos de las palabras y gestos fingidos, y los ocultos, pasando por los que están en sintonía en ambos espectros.
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