viernes, 16 de mayo de 2014

Intoxicación

Cuando aparece él la felicidad se disipa. Estado de alerta y miedo se ponen en funcionamiento, ya no actúan libremente... saben que todo lo que digan o lo que hagan será analizado meticulosamente en busca de un fallo, un error para empezar el ataque.

El perro ladra a su llegada, ya no mueve el rabo ni corretea alegremente por el piso. El resto de habitantes humanos hacen más o menos lo mismo, dejan de sonreír. Todo gira alrededor suyo, quien dirige la orquesta. Se sienten atrapados en una vida que no quieren vivir, la de la sumisión.

No llevan bien ser esclavos, no llevan bien no poder opinar , no poder decidir por sí mismos, no llevan bien el machismo y el maltrato psicológico. No piensan por sí mismos, la maquinaria cerebral se pone en funcionamiento con otros esquemas, la glucosa que llega a sus cerebros es utilizada prácticamente en su totalidad para evitar posibles conflictos.

Él tiene derecho a cuestionar todo, a juzgarte, machacarte, repudiarte, humillarte... solo él posee el conocimiento de lo que está bien y lo que está mal.

No hay ni un solo día en el que no haya conflicto, solo sabe envenenar, intoxicarlos con su desprecio. Las palabras dulces y comprensibles no existen, no tienen cabida para ese dictador. Se sienten sin escapatoria, sin esperanza y es que los días se suceden sin poder escapar o cambiar el horror de sus vidas.

No pueden ser libres así, a la mínima que cometen un fallo, él está ahí para decirles lo mal que hacen las cosas. Es él quien puede levantar la voz, discriminarlos, insultarlos, someterlos hasta reducirlos a penosas almas. Siempre está esperando que cometan algún fallo, analizando todas sus acciones y palabras. Cuando ellos piensan que todo lo están haciendo bien y no hay motivo para crear conflicto, él se lo saca de la manga. No es cuestión de hacer las cosas mal o bien, si alguien quiere buscar gresca, la encuentra.

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