Dicho Máster, como era de esperar, no sería gratuito, cada
habitante debería aportar el módico
precio de cien euros y para los menores de edad estarían exento de pago, de
momento. Pretendían que todos los ciudadanos a partir del año próximo y en un
plazo máximo de un año lo obtuvieran.
De un día para otro, los medios de comunicación bombardearon
al pueblo con la importancia de cursar el Máster, de su carácter obligatorio, y los beneficios a
corto y largo plazo para la sociedad. Periódicos, radio, televisión e internet
realizaron un buen trabajo, ya que en el plazo de menos de una semana pocos
eran los que se cuestionaban la verdadera utilidad y finalidad de tener que
cursarlo.
El Estado ofertó medidas para impulsar que se matricularan
lo antes posible, si lo hacían el primer mes, el Máster pasaba de costar cien
euros a noventa (esa medida impulso a una gran parte del pueblo, ¿quién se
puede resistir a desaprovechar tal descuento?). Para los más escépticos optaron
por medidas de penalización, si en el plazo fijado aún no eran expertos en
conductas de asepsia, deberían abonar una cantidad de quinientos euros.
Tenían ya el programa del Máster, consistiría en acudir tres
horas al centro cívico que les fuera asignado, allí serían instruidos. Por otro
lado, a trabajadores públicos se les asignaría la ardua tarea de aleccionar en asepsia,
para ello recibirían un Word donde quedaba detallado lo que debían decir,
deberían reiterar la trascendente importancia de las conductas de higiene y
cómo llevarlas a cabo. Esa labor ocurriría en sus horas libres, es decir, después
de su jornada habitual de trabajo, deberían inscribirse en el programa de
Profesor de Máster de asepsia, y de esa manera, al ser profesores, solo deberían
abonar cincuenta euros y se les
otorgaría el MCA, Máster en Conductas de asepsia.
El mismo día que se abrió el período de inscripción de
Profesor de Máster se completaron todas las plazas vacantes para poder impartir el curso
a todos los ciudadanos.
Cuando terminó el período para efectuar el MCA la mayoría de la población lo había
adquirido. La mayor parte de ciudadanos
con más poder adquisitivo no llegaron a plantearse la utilidad del MCA, simplemente pagaron y fueron a cursarlo. Otro
gran conjunto de ciudadanos con nivel socioeconómico medio/bajo accedió a
pagarlo, buscando ofertas y buscando el dinero debajo de las piedras por
miedo a que les penalizaran e incluso se apoderaran las autoridades de las pequeñas propiedades que pudieran
tener. Sí que hubo un pequeño porcentaje
de ciudadanos que no pagaron ni cursaron el Máster, los llamados insolventes,
que incluso no llegaron a saber la obligación que les había sido asignada. El
Estado no mostró interés por ese porcentaje, tal vez el MCA no era tan vital y
necesario como querían inculcarnos o que simplemente no podían obtener
beneficio.
Es posible que algunos de vosotros no estéis familiarizados
con el termino “Asepsia”, pero vendría a ser en este caso higiene, limpieza,
desinfección… también es posible que os preguntéis en qué consistía exactamente
el MCA, qué ocurría en esas tres horas
de aprendizaje. Pues bien, ocurría lo siguiente, la primera hora y media la
dedicaban a hacer hincapié en la
importancia de la higiene, que si patatín, que si patatán, todo ello adornado
con palabras incomprensibles, pero eso sí, transmitían mucha seguridad y credibilidad. Hablaban
también de la posibilidad de una gran epidemia si los ciudadanos no eran
escrupulosos. En la otra hora y media restante, un power point y un vídeo, donde se podía visualizar en
una animación las consecuencias catastróficas de una mala higiene personal y
también como realizarla correctamente. He de decir que estaba muy bien hecho,
con cierto toque trágico, sensacionalista y esperanzador. Una combinación fantástica,
que terminaba con una frase que leía el funcionario público correspondiente con
un aire de satisfacción y orgullo: “Gracias a todos por luchar por el bien
común, juntos podemos hacer un mundo mejor”. Dicho esto, los ciudadanos que se
contaban a cientos, se levantaban de sus sillas y aplaudían con mucho
entusiasmo, a muchos se les escapaba una sonrisita de autosatisfacción, pocos
eran los que se quedaban perplejos ante la tomadura de pelo.
Soy una persona bastante burda, si de mí hubiera dependido
no se habría llamado MCA, sino MLC, Máster en limpiarse el culo, pero quizás
con ese nombre no hubiera tenido tanto éxito, o sí, quién sabe.
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